No os perdáis a Isaías

       

¡NO OS PERDÁIS A ISAÍAS, POR FAVOR!  ¡TAMPOCO A LAS MUJERES DE MALAUI!

“Sobre él (ella) reposará el espíritu del Señor: espíritu de inteligencia y sabiduría, espíritu de consejo y valor, espíritu de conocimiento y amor”  (Isaías 11,2)

“Toma las decisiones correctas para evitar la pérdida de comida” (La Vanguardia 14-12-2017)

Es decir, usemos la inteligencia  y la sabiduría para evitar más hambre y enfermedad y miseria y explotación en la aldea global. En el artículo de la Vanguardia, son un grupo de mujeres, en Malaui, las que inician un proceso de conservación de los alimentos escasos y únicos, para toda la familia, para todo el poblado.

Al final, son ellas, las que se asocian, se ayudan, se apoyan para que todos tengan lo necesario. Ellas, con su sabiduría, toman las decisiones correctas para evitar la pérdida de comida. Parece que la decisión clave es la de asociarse. Dicen sus datos, que cuando actúan individualmente la pérdida de alimentos es de un 30%, sin embargo para las que se asocian la pérdida es de un 1%.

El secreto está en “juntar las cosechas”. La protagonista, Hilda, es una mujer viuda que está sola en la familia de siete para sacarla adelante. Como dice el artículo está “sola en la familia, pero no en la aldea”. Allí se ha abierto a colaborar con otras mujeres, y el resultado es patente.

¿Dónde guarda Hilda los sacos de grano para la familia? En su habitación, cerrada con una pequeña llave que guarda pegada a su piel.

Podría seguir y seguir. Estas mujeres me inspiran, me dan la clave para entender lo que otras estamos viviendo a otro nivel. Ellas nos enseñan a asociarnos sin miedo porque hay que alimentar a toda la aldea.

Entiendo que cuando has oído y sentido que se te invita a alimentar no sólo a tu familia sino a toda la aldea, se te ocurren mil ideas que en nuestra sociedad tantas veces se quedan en espera porque los compromisos laborales, familiares, sociales son tantos que otros proyectos suenan a agobio.

Pero ahí entra la voz nunca envejecida de Isaías 41,8

   “Tú, Israel, siervo mío; a  quien yo elegí; mi amigo; tú  a quién llamé de los confines de la tierra, a quien dije: “Tú eres mi siervo, yo te he elegido, no te he rechazado”. No temas, pues yo estoy contigo; no te inquietes, pues yo soy tu Dios; yo te fortalezco y te ayudo y te sostengo…no temas yo mismo te auxilio”

Y en 43, 1-5 (léelo despacio cuando puedas)

“ No temas, que yo te he rescatado, te he llamado por tu nombre y eres mía…”

Hoy hablamos de nuestro planeta como “aldea global”. Entiendo que las profetisas de Malaui nos enseñan a caminar por el sendero real de una asociación de personas, mayoría mujeres, que nos sentimos elegidas, amigas de Dios, llamadas desde  diferentes lugares a alimentar la aldea global empezando por la local, cada una donde está. Sin inquietud porque Dios está con nosotras, la Ruah nos elige, guía, se asocia con nosotras.

La imagen es potente. Si viéramos a nuestros hijos desnutridos porque nuestra falta de fe nos impide cultivar la tierra de la Palabra, cada día, sin pesticidas, sin explotación… para alimentar, a su tiempo, a toda la aldea, no pospondríamos tanto lo importante del día, lo que le da sentido a todo.

Seguimos el camino de Adviento-gestación de la vida. Hablamos de alimento, ¿qué dice la analítica? ¿Cómo está la vida en nosotras?

Hemos sido elegidas, fortalecidas, miradas con mimo, para que no les defraudemos a los y las de la aldea.

Y la paga, ver que las personas crecen en madurez y en consciencia de que se nos convoca para que no desperdiciemos la comida, también la del Espíritu. Ella, Hilda, guarda los sacos, en su pequeña habitación. Y la llave, con esto no juega, la tiene siempre pegada a su piel.

¿Tengo así de cerquita la Palabra? o se me olvida, no sé dónde la pongo, lo que significa que no es “la llave” que me abre las puertas a saberme elegida, amada y también enviada a asociarte con otras y otros que sienten lo mismo, y no lo posponen, porque el tiempo que tenemos es hoy, y la aldea tiene hambre hoy.

No nos perdamos a Isaías que parece conocía a las de Malaui. Ellas salieron de su parcelita para sumar con las de la aldea. Y en grupo todo es más llevadero, todo rinde más, se multiplica, porque el amor, el compartir es como la levadura que hace crecer el pan. Al final hay para todos, si compartimos.

¿La llave? Pegadita a la piel, porque sin ella no abriremos nada y los numerosos roedores de nuestra vitalidad se pondrán las botas.

 

Magdalena Bennásar Oliver

 

 

 

 

            

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