“Vida consagrada, no religiosa”

foto tomada por nosotras de «la Roca»

Ante la inminente celebración de la consagración de una mujer en nuestra recién estrenada Comunidad de Magdala, me surgen cuestiones de cómo vivir un compromiso de seguimiento en el seno de una comunidad cristiana no tradicional.

¿A qué nos referimos con la expresión comunidad cristiana no tradicional? Todavía hay mucha gente que cree que lo esencial de la vida comunitaria es vivir bajo un mismo techo, compartir bienes, dedicarse a lo mismo…cuando hace ya muchos años que muchas comunidades han superado todo eso que alimenta dependencias infantiles y crea problemas graves de conviviencia y lo que buscan es: enraizarse y trabajar en la comunidad donde viven; proveerse su propio sustento, su área pastoral de trabajo, viven solas o en grupo, con votos entendidos como manera de potenciar a cada persona al máximo.

Ellas mismas dicen que se inspiran en las beguinas, mujeres independientes, no monjas, que comenzaron en el siglo XI y en el  XII ya se habían extendido por el norte de Europa. Una asociación de mujeres que vivían solas o en grupo y se dedicaban a distintas actividades tanto pastorales como caritativas, sin superioras ni compromisos de toda la vida. Muchas tuvieron experiencias místicas que dejaron plasmadas en escritos que nos han llegado hasta hoy.

Claro que hoy también hay personas que se quieren dedicar a ese seguimiento de Jesús desde sus profesiones, desde sus diferentes estados de vida, en el seno de una comunidad con quienes se comunican asiduamente, comparten y se dejan enriquecer y acompañar en el camino.

, hoy queremos una vida consagrada porque hace muchos años que la vivimos con pasión a pesar de haber experimentado muchísimas dificultades en el camino. Y la queremos libre, sana, desinstalada, arriesgada. No queremos mirar atrás con nostalgia porque el pasado ya pasó y el futuro no está aquí, sólo nos queda el presente que se forja minuto a minuto.

Pensar siquiera si nuestro carisma o estilo de vida seguirá en el futuro es creernos imprescindibles, cuando la evidencia nos dice que el espíritu se cuida de ir proveyendo y suscitando lo que hace falta en cada momento histórico.

No queremos una vida constreñida, que lleva a la muerte del espíritu, determinada  por la misoginia, el ansia de poder y control, los últimos coletazos del patriarcado. En este momento concreto de nuestra historia no hay espacio o no debería haberlo, para la desautorización, la competitividad, el recelo, la envidia, la calumnia, en ningún sitio, ¡cuanto menos en la iglesia!

Y de eso hemos tenido mucho, en los últimos años demasiado: silenciamiento de teólogos y teólogas, prohibición de hablar de temas acuciantes para nuestra iglesia local y universal, persecución de religiosas en Estados Unidos, y hoy desautorización de los cambios que el Papa Francisco está intentando hacer, empezando por la jerarquía más alta hasta los líderes locales.

Efectivamente, la vida religiosa está desapareciendo pero no así la vida consagrada, y mucho más rápidamente que lo que queremos reconocer. No va a volver por mucho que se empeñen algunos.

Lo que nos ha demostrado la historia es que los tiempos suscitan maneras de vivir la pasión por el Evangelio y por la creación. Es nuestra tarea vivirla hasta el extremo.

Carmen Notario,SFCC

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3 comentarios sobre ““Vida consagrada, no religiosa”

  1. Querida Carmen de acuerdo con tú pensar y sentir. Es cierto que la Ruah es soplo como el aire, que no a simple vista sabemos de dónde viene ni a dónde va, es aire de libertad que ya no se puede ni debe enclaustrar. Y vivir en libertad y corresponsabilidad confiando en esa presencia fiel y amorosa que nos llama, que hace Alianza y que nos consagra

  2. Consagrar (se) ¡Que bonita palabra!. He querido buscar sus sinónimos: bendecir, santificar, sacrificar, ofrendar, dedicar, destinar, entregar, dar, regalar, acreditar (se), confirmar (se), afianzar (se). Hoy leía que todos estamos llamados a dar testimonio de Aquél en quien creemos en un comentario al evangelio de Lucas(10, 1-9): ¡Poneos en camino! Marisa. C. de Magdala

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