Pixabay
Al principio del cristianismo no hubo una iglesia, sino varias, cada una con su autoridad fundacional (Santiago, Pedro, Pablo, Discípulo Amado), y no hay duda de que en la base de todas ellas estaban las mujeres amadas/amigas de Jesús que le siguieron hasta la cruz con el Discípulo Amado.
Por tanto todos los creyentes, mujeres y varones, somos discípulos amados de Jesús, representados por Juan y / o Magdalena como varios comentaristas han expresado, con las otras mujeres de la cruz y del sepulcro vacío.
Este Discípulo Amado, un personaje histórico, quiso dejar la autoridad de la iglesia que formó en manos del Espíritu Santo, que Jesús había prometido y ofrecido. A raíz de disputas internas y ante el peligro de un espiritualismo que pudiera separarles del Jesús de la historia, se integraron en la Gran Iglesia donde la memoria de Pedro garantizaba fidelidad cristiana, sin perder por ello la autoridad fundadora del Discípulo Amado.
El capítulo 21 del evangelio de Juan que está escrito en forma de parábola, nos recuerda a través de la salida a pescar de Pedro con otros seis discípulos, que la misión de la iglesia es universal, pero la presencia del Discípulo Amado apuntala que esta iglesia es también una comunión de amigos.
Como sabemos no se trata de una visión en contraposición a la otra sino que, a la vez que la iglesia es misión representada por Pedro, también debe dejarse amar por Jesús, aprender a querer y amar a todos en libertad.
El autoritarismo, una realidad demasiado presente en las iglesias cristianas, ha hecho que esa hemorragia constante no cese, y aunque hemos experimentado apertura de miras, cuidado compasivo, aceptación de situaciones que habrían resultado imposibles en el pasado, falta mucho para que la institución refleje el auténtico amor de Jesús.
” Y cuando hubieron comido, Jesús le dijo a Simón Pedro: Simón hijo de Jonás, ¿me amas más que estos?”. (Jn 21: 15) Podemos pensar que Jesús se lo pregunta tres veces, queriendo recordarle que fácilmente le traicionó, cuando había jurado que daría la vida por Él; sin embargo, parece más propio de Jesús que quisiera hacerle caer en la cuenta que la misión sin amor, sin compasión, sin cuidado de los más débiles, puede tomar la forma de una empresa donde se busca adeptos que trabajen para el engrandecimiento de la comunidad.
¿Quién reconoce a Jesús la mañana de la pesca: Pedro o Juan? Juan tiene que decírselo a Pedro, a pesar de que vuelve con la red llena de peces ; todavía le queda la tranformación interior de convertirse en amante de Jesús.
Nos recuerda el Antiguo Testamento que hay pastores bandidos y mercenarios que dicen guardar el rebaño pero lo que hacen en verdad es aprovecharse de él. En esa línea, Jesús quiere que Pedro se vuelva amigo, como el discípulo amado. No es que deba cumplir una tarea por amor, sino que toda su tarea consiste en animar en amor a los creyentes en la línea del Discípulo.
¿Cómo me habla todo esto a mí? Porque es muy fácil apuntar con el dedo a los otros y señalar todas sus faltas, pero la verdad es que “al atardecer de la vida seremos examinados en el amor”. San Juan de la Cruz
Carmen Notario, SFCC

