Icono del sitio ESPIRITUALIDAD INTEGRADORA CRISTIANA

Potencial infinito

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

Romanos 5, 1-5

Un año más volvemos a adentrarnos en unas celebraciones que cobran sentido si vivimos en esa búsqueda de ahondar en la conciencia de quienes somos, o mejor, en quienes nos vamos convirtiendo a medida que “avanzamos”.

La celebración del próximo fin de semana, Dios Trinidad, nos presenta en dos aspectos que son esenciales en nuestra relación con Dios: el carácter personal y el relacional. Desde esos dos aspectos esenciales soy llamada a crearme a mí misma.

Sólo ahondar en estos aspectos tira por tierra esa imagen estática de Dios, encumbrada, paternalista, de juez implacable.

Por supuesto que no estoy separada de Dios porque es precisamente mi relación con Dios la que me permite vivir en libertad, tomar decisiones que la potencian y por eso mismo mi capacidad de amar se expande sin límites.

Dios no está allá lejos, observando mis fracasos y mis éxitos. Es ese potencial infinito que habita en mi interior y que espera a que yo lo descubra, lo actualice.

Descubrir esa capacidad de relación dentro de mí, que a la vez que me transforma a mí transforma toda la realidad, incluido al mismo Dios, es el mayor tesoro que poseemos porque nada ni nadie puede separarme de ese amor.

Nos esforzamos cada día por borrar esa falsa imagen de Dios que premia a quien nunca se equivoca y castiga a quienes tropiezan en el camino. Nuestra propia naturaleza nos indica que la búsqueda del amor es lo que nos construye, nos alimenta, nos libera y nos hace sentir bien en nuestra propia piel.

Por supuesto que no es un camino fácil y nos invita a transitarlo muchas veces en la oscuridad, en medio del dolor y del desconcierto como Jesús, como tantos hombres y mujeres a lo largo de la historia.

Sin embargo, creer que el universo, que el mismo Dios se transforma cuando yo me transformo me hace darme cuenta de que soy un eslabón imprescindible en este mundo en evolución.

No celebramos esta fiesta como una conclusión a la que llegaron en los comienzos del cristianismo para “tapar” herejías; celebramos que nuestro Dios es un Dios personal y relacional con quien vamos construyendo esta creación inacabada y maravillosa.

Como dice la carta a los Romanos 5: 2b “estamos orgullosos con la esperanza de alcanzar el esplendor de Dios”.

Lo que nos da la fuerza es la vida nueva que Dios nos infunde. Tenemos valor para enfrentarnos a las dificultades con la alegría que produce la experiencia continua del amor de Dios.

La dificultad produce entereza, la entereza calidad, la calidad esperanza. Y esa esperanza no defrauda porque el amor que Dios nos tiene inunda nuestros corazones por el Espíritu que se nos va regalando, día a día, momento a momento.

Eso solo entendemos cuando vivimos esa dimensión personal y relacional que nos constituye y nos hace vivir plenas-os.

Carmen Notario, SFCC

Salir de la versión móvil