Triskel
La celebración de este domingo nos invita a una reflexión profunda sobre nuestra capacidad de amar.
Si de algo nos habla la Trinidad es de comunidad. Y comunidad expresa amor de ágape, amor de entrega sin intereses más allá del bien del amado. Y en este caso se nos presenta a Dios en comunicación, en diálogo permanente o apertura total al amor.
Son palabras muy grandes que sabemos que en la realidad se empequeñecen porque hablamos de amor y a la vez cogemos el trozo de pastel más grande para nosotras mismas. Es decir, que el amor de ágape, de donación, se concreta en comunidad, en familia, en el trabajo.
Los primeros cristianos tienen una disyuntiva muy seria: seguir a Jesús sin soltar del todo el Dios del Antiguo Testamento o seguir a Jesús, sin paracaídas.
Parece que gran parte del problema que muchas personas tenemos es porque hemos heredado esa domesticación del Dios de Jesús para que nos resultara más digerible la travesía.
Y así, hoy muchas personas se arropan en rituales que hablan de un Dios del AT: si cumples los mandamientos te salvas, más que del Dios de Jesús, que no le ahorra la cruz, el riesgo, el sufrimiento, sino que le acompaña cuando ocurre.
Nos han vendido una salvación tipo café instantáneo: pon la moneda y el café sale, lo mismo, cumple los mínimos y estás salvada. ¡Qué pequeño hemos hecho a Dios! pero así estamos contentos, lo podemos controlar, he cumplido, luego todo listo y conciencia tranquila.
Pero no, este no es el Dios de Jesús del que nos habla la Trinidad y Pentecostés y Pascua y la Eucaristía. Todo ello, que es mucha teología para asimilar bien, nos conduce a lo que celebramos hoy, casi como a modo de síntesis de todo: amor de ágape, incondicional, puro, desinteresado. Un amor que busca conscientemente el bienestar de los demás, sin esperar recompensa.
Este es el amor del que nos habla Jesús continuamente. Y nosotros seguimos esperando recompensa: doy y me das, ayudo y me ayudas, rezo y me bendices…NO. No profanemos el amor del que nos habla Jesús con su vida, creyendo que cumpliendo normas recibiremos recompensa, algo así como» vida eterna después de la muerte» entendida como recompensa de nuestros sacrificios o donativos o…
Querida comunidad, las cosas de Dios tienen la madurez de la que muchas veces carecemos nosotros. Y Jesús, en le evangelio y en nuestra vida, continuamente nos invita a dejar nuestras concepciones de Dios hechas a nuestra medida, en las que nos sentimos cómodos, y lo expresamos frecuentemente diciendo «está siempre conmigo, a mi lado» lo cual nadie duda pero es más que esto.
El amor de ágape es mirada de amor, es donación sin límite, lo que se traduce en asumir continuamente las dificultades del choque del ego que se hace fuerte cuando lo revestimos de religiosidad.
El amor de ágape es abierto a amar a las personas difíciles y a aquello que no amamos en nosotras y que nos impide madurar. Sabemos muy bien lo difícil que es convivir con personas egoístas y muchas veces sufrimos años por maridos o hijos o compañeras de comunidad, o esposas…
Le doy gracias a la ciencia por facilitarnos el camino. Este enlace https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/narcissistic-personality-disorder/symptoms-causes/syc-20366662, nos puede ayudar a comprender cuando necesitamos ayuda tanto para nosotras como para los que nos rodean que por su condición hacen difícil el amor de ágape.
Somos una unidad y no podemos separar lo espiritual de lo demás. Todos y todas tenemos aspectos de nuestra personalidad que necesitan madurar, pero hay una diferencia importante cuando algunos de estos aspectos se convierten en enfermizos o repetitivos.
Integrar nuestro pasado, integrar nuestras limitaciones con la ayuda del Dios de Jesús es básico como también es importante cuidar nuestra salud integral y la de nuestros seres queridos para que la convivencia vaya siendo más y más a lo ágape.
FELIZ CELEBRACIÓN DE LA CONVIVENCIA
Magda Bennásar Oliver, sfcc