Gota a gota

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Era un día de primavera cálido y despejado, salí como muchos días, a pesar de lluvias y vientos taciturnos del norte, a caminar por el paseo de la playa. Quería anochecer, pero el sol radiante que sin ninguna nube, sin ninguna niebla, sin ninguna duda, iba bajando majestuoso era la evidencia de que los ciclos naturales terminan, como ese precioso día iba a terminar en pocos minutos, pero volvería con la misma fuerza, el mismo calor, los mismos colores indescriptibles, a las pocas horas, porque en primavera, tiempo de pascua a Pentecostés la noche es cada vez más corta y la luz no se acaba, se prolonga erguida porque ha vencido la noche y como novia engalanada para el novio danza y danza sobre las olas, salpicando a todo el que se acerca con su risa y su música. Los surferos me recordaban que tal vez lo de Jesús caminando sobre las aguas era algo así, un anticipo gracioso de la capacidad de disfrutar de la naturaleza sin límite casi. Me gusta lo de Jesús surfero.

También sabemos que en las sociedades agrícolas en primavera siembran y dejan que madure lo sembrado con las lluvias primaverales y el sol de cada vez más potente. Tienen que madurar y refrescar nuestras mesas, las hortalizas y frutas de verano que tan adecuadamente en este tiempo madre tierra nos regala. Sólo hay que sembrar a tiempo para poder cosechar en su punto. Madre tierra nos cuida en su seno las semillas.

Lucas se inspira en los 50 días que iban de la fiesta de la Pascua Judía que marcaba el principio de la cosecha, a la fiesta de Pentecostés.  Esta marcaba la plenitud de la cosecha: de las primeras espigas, del pan sin fermentar para no mezclarlo con el pan del año anterior al de la Pascua, al pan con levadura, plenitud de la cosecha, que se ofrece a Dios con calma y con tiempo para degustar y celebrar la Vida.

Lucas propone estos 50 días como metáfora del tiempo de maduración pascual de la Iglesia. La Pascua de Resurrección había sido el comienzo, Pentecostés será el tiempo pleno: tiempo de expansión de la Palabra y de la presencia del Resucitado a todo el mundo.

Lucas ofrece así una poderosa imagen del origen de la Iglesia.  Por ello podemos decir que los primeros cristianos no empezaron teorizando sobre la Resurrección sino que se descubrieron transformados por la presencia de Amor del Espíritu, se descubrieron recreados por su fuerza.

Este es el tiempo en el que estamos sumergidos ahora. ¿Sabemos interpretar nuestra vida normal y ordinaria a la luz de esta experiencia que la Iglesia nos propone repetidamente para que no se nos olvide?

¿De qué estamos hablando? De la experiencia  de saberte movida y habitada por el Espíritu de Jesús Resucitado. De la experiencia de no haberte quemado con todo lo negativo y decepcionante que hayas vivido. De la experiencia de revivir por dentro sólo con una gota de esa agua de la Vida que Jesús nos regala.

Es inspirador ver como en la tierra de Jesús han convertido kilómetros cuadrados de desierto, de pura arena con hierbajos resecos, en vergel. Gota a gota. El sistema de riego gota a gota, como el suero del moribundo o extremadamente debilitado, gota a gota, va alimentando aquella semillita perdida en la oscuridad de madre tierra, y en el hondón del misterio, se forma la vida o la cuida recuperándola cuando ya el enfermo no puede por sí mismo.

Gota a gota, así ha dado vida una mujer joven muy cercana, su hijo nació prematuro, súper pequeño, sin casi fuerza para mamar. Y, gota a gota de esa leche materna a demanda, como Dios, noche y día, sin horarios, siempre disponible…hoy 3 meses después, el chaval es un machote precioso, regordete y sonriente, lleno de energía y de futuro. Pronto será bautizado, y ¿qué se encontrará? ¿Vamos preparando, gota a gota, un modo nuevo de contagiar a Jesús? ¿Quién lo hará? ¿La tatarabuela? Porque hoy ya ni las abuelas están por la labor… ¿Con qué método?

Nos pasa que nos gustan las cosas a presión, rápidas, exprés. La Ruah nos recuerda que gota a gota todo “todo” se consigue. Yo así lo vivo cuando de madrugada me enchufo el suero, el gota a gota del silencio y la Palabra. Tantas veces distraída, tantas veces preocupada, pero ahí está la Ruah, que madrugó antes que yo, ahí está la ciudad en silencio todavía y se hace fácil entrar y despacio, sin prisa, te van alimentando.

Recientemente hemos acompañado en unas horas de retiro a una comunidad parroquial que llevan decenas de años con grupos de Biblia, preparando la liturgia, dando catequesis… pero “nunca” se habían  parado unas horas a escuchar y rezar en silencio, en comunidad. No fue fácil, pero mereció la pena por si alguna de esas personas, sin importar la edad, se abren al gota a gota.

No importa la edad, podemos empezar con pequeños de tres años, y son una esponjita. Son un libro abierto, aprenden sin proponérselo. El futuro es de ellos y ellas. Les formateamos nosotros ¿qué queremos dejarles en herencia?

La madre del chavalín del que os hablo hace yoga, pero no va a la iglesia porque se aburre, me dice… ¿qué os parece que le enseñará a su hijo del milagro gota a gota? ¿Evangelio o yoga? No tiene por qué ser incompatible, pero no es lo mismo. ¿Qué le digo? ¿Alguna idea? ¿A alguien le pasa?

Gota a gota tenemos que ir renovando los lenguajes, los métodos para que a cualquier edad tengamos la seguridad de la Vida, del gota a gota a mano, y así continuar, como en la tierra de Jesús, sembrando, robándole al desierto la Vida para todos, niños y ancianos, todos gota a gota, recuperando el planeta, recuperando las relaciones humanas, recuperando la paz en nuestro mundo, peligrosamente desertizado. Armado hasta los dientes no precisamente de sistemas de riego gota a gota.

Yo por mi parte me voy a trabajar lo de Jesús surfero, tal vez los de por aquí me entiendan mejor, voy a contemplar su esfuerzo, su compromiso hasta que consiguen navegar sobre la cresta de la ola. La imagen es potente, ayer les veía, al atardecer, con el sol de fondo, impresionante. Fijo que Jesús andaría por ahí. Y tienen que esperar a que venga esa ola que ellos puedan montar. Esperan y esperan. Gota a gota, paso a paso, intento a intento.

Magdalena Bennásar Oliver

 APOYO ORACIONAL PARA COMPRENDER AL JESÚS DE LA PASIÓN  desde los textos de Isaías

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El equipo de EIC tenemos por costumbre ofrecer una Pascua, de diferentes maneras: tipo retiro interno o también ofreciendo reflexiones por las mañanas del Triduo, con los temas del día. Este año será virtual. De esta manera, estés donde estés y cuando puedas, lee los textos, y si te invitan a orar, será el Espíritu quien nos está invitando. No le demos largas.

Hace unos días os enviamos, amig@s del blog, una reflexión para el día de Pascua. No perdamos la perspectiva de que así fue en la experiencia de las primeras comunidades. Primero viven a nivel personal y también comunitario que Jesús está vivo, y después “recuerdan” las Escrituras, las judías, ya que eran las suyas, y obviamente estas fueron el apoyo y fuerza de Jesús. Por eso las leemos casi siempre de primera lectura en la liturgia, preparan el sentido del evangelio.

Si nos ponemos en la piel de nuestros hermanos y hermanas que en primera persona vivieron esta historia, posiblemente la veamos diferente a que si sin previa preparación profunda, asistimos a liturgias y procesiones y de un modo medio distraído pasamos la Semana Santa y la Resurrección.

Os invito a descubrir por qué la primera lectura de casi todas las liturgias de la Semana Santa es del profeta Isaías.

 Os sugiero que en un momento del día tranquilo, y en un espacio silencioso, sin música para que la mente no se vaya detrás de ella, encendiendo una vela como quien “prepara el corazón”, después de respirar con los ojos cerrados, varias veces, hasta que sientas que tu cuerpo ha llegado y tu mente-corazón están serenos, lo cual no quiere decir que no haya preocupaciones, pero sí que las vamos sosegando al ritmo de nuestra respiración…poco a poco tomar conciencia de la presencia que te convoca y acompaña.

 Serenamente, sabiendo que la Palabra se dirige hoy a ti, tomas la Biblia, como algo sagrado y con respeto y cariño, buscas la Palabra, y la lees varias veces, sin poner pegas, preguntas…no es el momento. Deja que como un bálsamo, la palabra de Dios, descienda sobre ti y entre en tu espacio sagrado. Sin prisas, sosegadamente. Acoger la Palabra es acoger al Espíritu de Jesús Resucitado.

Leemos: primero todo seguido para sentir la fuerza de los textos y luego una al día.

Isaías 50,4-7: Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído… (seguir leyendo)

Isaías 42,1-7: Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones. No gritará, no voceará…

Isaías 49,1-6: Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó, en las entrañas maternas y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano;…

Isaías 50,4-9a: Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído para que escuche…

Isaías 61,1-9: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados…

Isaías 52,13-53:…muchos se espantaron de él porque desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano…lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado por los hombres…

Isaías 54,5-14: El que te hizo te tomará por esposa…como a mujer abandonada y abatida te vuelve a llamar el Señor…por un instante te abandoné, pero con gran cariño te reuniré…(vigilia pascual).

Isaías 55,1-11: Oíd sedientos, acudid por agua, también  los que no tenéis dinero: venid comprad trigo, comed sin pagar vino y leche de balde… (vigilia pascual).

Respondiendo a la pregunta de por qué esta primera lectura desde el domingo de ramos a la vigilia pascual, todos los días es de Isaías, creo poder responder que Jesús hace suya la llamada y la vocación que descubre en el profeta. Jesús es el iniciado, el elegido, el llamado a ser la voz y la presencia del Abba. Y cuando va asumiendo su vocación se le regala el don del Espíritu para que asuma una manera de hacer, y unas consecuencias.

El regalo es el Amor incondicional, la gratuidad que él recibe y comparte. Llamada para una misión, fuerza para realizarla y asumir las consecuencias y por fin gozo como de esposa enamorada al saberse siempre amado, aun cuando se sentía abandonado. Y por fin puede proclamar la gratuidad del don que tiene.

Tal vez pensemos que todo eso ya lo sabemos, que Jesús fue muy guay… el tema de fondo, muy de fondo es que este “iniciad@, elegid@,enviad@…hoy, somos tú y yo. Que la buena noticia hoy es que el Abba-Ama, nos empodera a nosotr@s para que la cadena se vivencie hoy.

Nadie puede decir “a mí no me han elegido, llamado, iniciado…” tod@s somos la hija, el hijo de Dios hoy en nuestro mundo.

Jesús, y nosotr@s podemos asumir tanto gozo-dolor-gozo, cuando vamos vivenciando esta Palabra que a lo largo de la historia fueron asumiendo mujeres y hombres, como nosotras, sencillos pero fieles. Por eso nos llegó. Y se lo agradecemos continuando la cadena.

Antes de irte corriendo a tus tareas, recoge el fruto de tu reflexión, escríbelo: ¿qué palabra te han regalado? Responde, agradece o ignora y corre. Pero el Siervo Sufriente nos invita a recorrer con él nuestro momento histórico, y a sembrar su semilla. Así te sientes hija y esposa, y cómplice de esta gran comunidad de hermanos y hermanas que lo intentamos.

Que estos días sean sagrados.

 

 

 

 

 

 

  ENTRA EN LA NOCHE Y RECONOCERÁS EL AMANECER

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 El último día, el de la cruz, pasa a ser el primero de la nueva creación. Cuando se asoma el primer rayo de luz, pero todavía hay tinieblas: ideologías contrarias a la verdad, fuerzas diabólicas, cargadas de ley y juicio que no han sido capaces de reconocer al Ungido por Dios.

¿Cómo es posible si la misma Palabra que alimentaba a Jesús, también la utilizaban ellos, los judíos religiosos, para todo? Jesús amaba y dialogaba con el Abba que descubría a través de la Palabra. Ellos, parece que la utilizaran para justificar su salvación, su justicia… la habían convertido en una ideología religiosa.

Jesús se sumerge en la noche de la ideología legalizada, para con el valor del Espíritu, atravesar la mentira, o lo que es lo mismo, la verdad a medias. Jesús se sumerge sobre todo en la experiencia del Abba y ello crea un antes y un después en su vida y en la historia.

La Resurrección es como el Big Bang de la vida de fe. Es el inicio de un proceso de vida para todo el cosmos. De vida que descubre en la muerte el abono para la vida que no muere ni morirá, porque es la misma vida de Dios en todo el universo, y desde hace un puñado de años, en la humanidad. Somos los últimos en llegar y nos hemos adueñado de todo destruyéndolo, abusándolo,  explotándolo.

Leía un artículo recientemente titulado “El Océano Pacífico: El Siervo Sufriente”. Ingeniosa descripción del horror que está provocando el cambio climático en las gentes que habitan y dependen del nivel del Océano para su supervivencia, de la temperatura  del agua para que no se destruyan los arrecifes de coral y miles de especies vegetales y animales que se extinguen o tienen que emigrar, como las personas, en busca de supervivencia. Sin dejar de mencionar los cementerios nucleares creados en mitad del Océano cuyo cemento se está agrietando y van soltando los restos nucleares dentro de la profundidad del  Océano. También en la profundidad de un Océano surgió el primer atisbo de vida. ¿Qué nos está pasando?

Posiblemente muchas de las personas que de una manera más directa han ido tomando las decisiones que provocan esa infinita cadena de muerte, son cristianos. Pero como en el caso de Jesús, la religión convertida en ideología, causa la muerte del mismísimo hijo de Dios. También hoy.

Sólo hay un matiz que diferencia a unos de otros: permanecer en la ideología religiosa o abrirte a la experiencia de diálogo y presencia del Espíritu que resucitó a Jesús, y que hoy quiere sacarnos de nuestros sepulcros a nosotros y nosotras.

 Eso nos proclama el texto de hoy, y como en el inicio de la vida humana del Cristo, fue una mujer la que gestó esa Vida, hoy de la mano de la experiencia de otra mujer, podemos entrar en la noche del misterio para experimentar la Vida.

María Magdalena es la que representa a la comunidad que “madruga” para acudir donde está el Amado. En su caso, ya en el sepulcro. Perdonad que me atreva a preguntarme y preguntaros si no es ese también nuestro caso muchas veces. Incluso los que intentamos orar y estar despiertos nos sobresaltamos sobremanera cuando lo que creíamos muy controlado, o sea inerte, de pronto se mueve. Tiene vida.

Personas que ante la realidad descubrimos que tenemos que colaborar con Vida para un mundo en extinción de especies, de formas religiosas, de puestos de trabajo por robotización, de posibilidad de que mujeres colaboremos en la toma de decisiones…

¿Qué se mueve por dentro cuando en nuestra noche, en nuestro no saber qué hacer, se nos ocurre dar un paso que nos sacaría de la mediocridad, pero también de la comodidad? ¿Qué hacemos con ese rayo de luz, pequeño, pero inicio de un descubrimiento único en tu historia y la mía? Jesús está Vivo. Su Espíritu vibra y languidece, según yo quiera, en mí y en mi entorno.

María Magdalena no se apropia el descubrimiento, va a los hermanos, no es una feminista radicalizada, es inclusiva. También hoy, muchas mujeres silenciadas por su género, no tratan de ideologizar el evangelio, simplemente tratan de sumar y compartir. De hecho lo poco que queda de la institución son ellas las que lo mantienen: catequesis, formación de padres…como siempre con algún varón que ya últimamente he comprobado que se enfadan si llegan a un sitio donde sólo hay mujeres…dichoso machismo que impide tanto hasta que la Vida se comunique por razones de género.

La Resurrección no se entiende, se vive. Es la liberación radical de toda ideología para dejarnos en la presencia del misterio. La vida empezó en un jardín maravilloso y esa vida emerge hoy de una tumba de un jardín-cementerio. Tremendo significado. Tremenda propuesta.

Se nos entregó un paraíso, y matamos al Señor y lo enterramos en su jardín. Y ahí, el Señor nos devuelve el jardín desertizado y la Vida para que todo empiece de nuevo. Así es Dios, así es la vida. Siempre busca como seguir evolucionando.

¿Cómo podemos retomar la vida y recuperar el jardín y sobre todo la experiencia del Señor, para saber cómo recuperar el jardín original, metáfora del sueño de Dios, donde había abundancia e igualdad para todos y todas?

Buscando entre tinieblas, de madrugada, a solas, al Amado, y como la mujer del Cantar  exclamar “Encontré al amor de mi alma; lo agarraré y ya no lo soltaré” (Cant 3,4).

Feliz tiempo pascual.

Magdalena Bennásar Oliver

 

 

 

SILENCIO PARA ACOGER

 

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Con José iniciamos la semana anterior a la Semana Santa. Entiendo que de alguna manera José nos invita a “ir entrando, de puntillas, en silencio” en el “feeling” del momento litúrgico, que va siempre de la mano de lo social y de lo humano.

No sé si son las calles de Jerusalén o las de Siria este año, donde contemplamos a Jesús vivo en el dolor incontable de estas gentes que por miles huyen, cada día, buscando humanidad.

De José me admira y encanta su capacidad de “acompañar” el trabajo del Espíritu, no precisamente con canto “gregoriano” de fondo, sino cargado de dudas y conflicto de conciencia ante la confusión que causó la acción del Espíritu en su vida y en la de María.

Ante tanto desconcierto Dios se le comunica en sueños. Tal vez porque los sueños son lo que nuestro ser interior nos comunica, cuando le dejamos, que muchas veces es sólo cuando dormimos, porque el resto del tiempo nos gusta dirigir, organizar.

Según las lecturas que nos acompañan estos días Jesús vive una gran tensión interior y exterior. Hay una lucha titánica entre el poder que se otorgan los poderosos políticos pero sobre todo, en su caso, religiosos, y la vulnerabilidad del ser humano abierto al Espíritu del Abba, que le conduce a cumplir el sueño de Dios: que la humanidad entienda que su Amor es mucho más fuerte que la misma muerte.

Esa maravilla sólo se puede experimentar y disfrutar cuando como el grano de trigo aceptamos la tierra, el estar enfangadas por sentir cosas distintas a la mayoría;  la oscuridad  ya que en la vulnerabilidad auténtica no hay focos ni siquiera velas, y la falta de poder para cambiar las cosas: parar las guerras, alimentar a tantas y tantos hambrientos de pan y de Dios…

José nos enseña, como le enseñó a Jesús, a acoger la vulnerabilidad en nuestra vida, como a una amiga para siempre. La vulnerabilidad habla de sabiduría del corazón, porque entiende que sólo el que se lanza al son de la música disfruta de la danza.

Muchos estamos “viendo el baile desde lejos, eso sí, los pies se nos van solos” y es que el ritmo de las cosas del Espíritu es auténticamente movilizador de los egos más paralizados.

¿Qué sueñas? ¿Cuál es tu sueño?  ¿Coincide tu sueño con el de Dios? Que ¿cuál es el de Dios?, Jesús nos lo muestra, más claro que nunca, estos días.

También nos lo muestran las noticias. Yo, como tú, no tengo respuestas y sí muchas preguntas. Por eso, acompañadas por José, esa presencia que como un “quita miedos” te permite avanzar en el peligro, entremos en un ambiente de silencio.

Silencio para descansar a fondo. Silencio para escuchar lo que bulle en nuestra cabeza, en nuestro corazón, lo que nos atrae y lo que nos da miedo. Silencio para ponerle nombre a lo que vivimos y a lo que no vivimos.

Silencio para mirar el sufrimiento de cara y no echar a correr. Porque si esperas, percibes la presencia que te acompaña, incluso cuando parece que te abandona.

Silencio, porque en el silencio anda Dios.

Magdalena Bennásar Oliver

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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