SFCC España

Retiro verano Haro julio 2020

Arriba: Cristina Elcuaz, Angel Santamaría, Carmen Notario, Magdalena Bennásar, Luisa Montero de Pedro, Juan José Silvestre

Abajo: Maricruz García, Lucía Aurrekoetxea, Lidia Casado, Francisca Bonet y Xavier Miró

Son los que en este momento están realizando el proceso de formación para pertenecer a SFCC. Se encuentran en la primera etapa “inquirer” de conocimiento mutuo.


Mi camino en SFCC, Kika Bonet

Como dice el salmista “Los caminos de Dios son inescrutables”.

Y esos caminos puede ser la lectura de un artículo en una web. Es lo que me ocurrió, el pasado mes de septiembre. El artículo se titulaba “Del silencio habitado… a los caminos”, en el Magdalena, explicaba quién era Lillana Kopp y el movimiento  SFCC (Sisters  For Christian Community- Hermanas Para la Comunidad Cristiana)  por ella fundado. Me caló hondo e hice algo inusual, me puse en contacto con Carmen y Magda para expresarles mi sintonía y…. ese fue el primer paso de un camino inescrutable…. pero que no recorro sola, me acompañan mi marido y un maravilloso grupo de Inquirers (personas que hacen  el proceso de conocer la comunidad), siempre bajo la atenta mirada de nuestras hermanas Magdalena y Carmen.

El carisma, el perfil SFCC me resultaba muy atractivo. Me sentía reconocida en esas mujeres valientes, rompedoras, inquietas, empoderadas por la Ruah, místicas, activas, actuales, abiertas, ecuménicas… Pero lo que más me llamó la atención de SFCC fue que está abierto a matrimonios. No es un movimiento exclusivamente para religiosos/as. Esto era toda una novedad. Me sentía invitada, podía tener mi lugar, “a pesar de” mi condición de casada, podía profesar los votos de Escucha, Amor incondicional y Servicio, adaptados a mi estado.

SFCC es toda una revolución, que nuestro mundo actual necesita urgentemente. Pone fin a un proceso personal y en pareja, de quejas, malestar, decepciones, sumisiones a unas estructuras eclesiales patriarcales e inmovilistas. Es tiempo de la Ruah, de la frescura, de la simplicidad, de abrir surcos paralelos, crear islas verdes, refugios seguros….

¿Cómo se hace esto? ¿Cómo vivo mi estado de casada, dentro de SFCC?

Da vértigo pensar que los miembros de SFCC, no tienen la seguridad de unas “normas o estatutos” qué dicen a cada uno lo que tiene que hacer…  o que SFCC no es como otras comunidades o grupos dónde una se siente calentita participando en las múltiples actividades, celebraciones, reuniones que se le ofrecen.

No. SFCC son odres nuevos, para un vino nuevo.

En SFCC tengo que vivir empoderada. En total apertura a la Ruah que es la que me susurra, empuja… para que sea fiel al carisma de SFCC, y viva la escucha, el amor y el servicio en mi familia (hijos, pareja, sobrinos, hermanos..) y en los círculos en los que me muevo.

Pero también siento que debo traspasar estos círculos cercanos de familia y amigos y dar a conocer la misión de SFCC “Que todos sean uno”  a todo el mundo.

Kika Bonet

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MI EXPERIENCIA DE PAREJA EN SFCC

Cuando yo comencé mi camino de pareja con Kika, supe que teníamos un proyecto de vida en común cuyo fundamento era la fe, el deseo de crecer y volar juntos espiritualmente. Considero que somos una pareja inquieta, buscadora, inconformista con deseos de realización plena, y por ello nos hemos aventurado a salir de nuestra zona de confort, a vivir en el constante cambio, a dejarnos llevar por el Espíritu (Ruah).

Después de casi 22 años de matrimonio, y tras algunos años de “diáspora” con nuestra iglesia institucional, de repente como un regalo de Dios aparece en nuestras vidas el carisma de SFCC. La pregunta sería, ¿qué aporta SFCC a mi vida de pareja?, o bien ¿cómo vivo mi vida de pareja dentro de este nuevo carisma? Para responder a estas preguntas preciso una vez más tratar de que la mente y el corazón estén alineados y que vibren al unísono.

 Como pareja, yo creo que hemos encontrado en SFCC un “suelo”, una base, una comunidad donde compartir nuestra fe, una fe libre, sin ataduras, sin cumplimientos. Se trata de un camino abierto que da respuesta a los signos de los tiempos tratando de ser fieles al susurro de la Ruah. Una comunidad que nos acoge y nos acompaña en nuestro estado de pareja animándonos a ser, a dar fruto, a volar. Y para ello, como estamos haciendo en esta primera etapa es necesario identificar nuestros talentos, nuestro “humus”, quienes somos para desde ahí compartir el amor incondicional. Ese amor incondicional en nuestra vida de pareja es un camino constante de crecimiento plagado de momentos de crisis que al superarlos se han transformado en aprendizaje, sabiduría y amor.

Los tres consejos de obediencia, castidad y pobreza que se nos proponen son un verdadero regalo ejercitarlos en la vida de pareja como escucha, amor incondicional y servicio. Para mí está suponiendo un cambio de paradigma también en mi relación, dado que todo ello lleva implícito el pasar de la sumisión al empoderamiento en pro de una mayor autenticidad y sustituyendo el servilismo por el servicio. Pero no puedo olvidar el que para mí quizá sea el consejo o valor más importante, que no es otro que el de la escucha.

La escucha me exige en primer lugar, parar y escucharme. No se trata de decir lo que tú quieras, se trata de tenerme en cuenta y tener de este modo mi propio criterio. Sí, tengo que escuchar la voz de la Ruah en lo más profundo de mi ser para descubrir quién soy, mis talentos, mi misión. A partir de ahí seré capaz de compartir LO QUE SOY, porque de no ser así, seguiré atrapado en mis necesidades y apegos, otros planes o voces ajenas a lo que en realidad Dios espera de mí. Y esta estructura, con el paso del tiempo provoca cansancio y desgaste en el día a día. Por todo ello, puedo afirmar que cuando no me tengo en cuenta y no me escucho, la relación se resiente y no es auténtica.

El amor incondicional exige un equilibrio entre el dar y el recibir y por supuesto experimentar personalmente ese amor previamente en uno mismo. Proyectamos lo que somos y vivimos en nuestro interior. Está claro que tengo que abrazar a mi mujer con sus valores y defectos, pero eso no será posible si yo primero no me acepto y abrazo a mí mismo. Solo así, seré capaz de compartir y amar incondicionalmente. Por supuesto, el amor incondicional conlleva acompañarse mutuamente en un camino de crecimiento mutuo donde afloran miedos, bloqueos, limitaciones y también talentos, virtudes y potencialidades.

Otro de los aspectos que quiero destacar de este carisma de SFCC es el respeto que hemos experimentado. Y debo confesar que cuando hay respeto uno se siente mucho más libre, libre para pensar, sentir, expresar y compartir este camino en pareja porque no hay imposiciones ni normas que cumplir. Veo profética y fundamental esa propuesta constante a escuchar y dejarse llevar por la Ruah, por el Espíritu que “todo lo hace nuevo”. Y aunque parezca un tanto caótico este planteamiento, en el fondo es el más evangélico. En el fondo, se trata de confiar, confiar en Dios, un Dios Amor que todo lo hace bueno y especialmente a la criatura que ha creado a su imagen, la persona humana. También desde aquí entiendo yo la relación con mi mujer, se trata de un acto de confianza, de una atención constante, diaria, que como los buenos guisos exigen mucho arte, cariño, paciencia, pero sobretodo mucho amor.

 Finalmente, quiero concluir esta reflexión haciendo alusión al fin de nuestra comunidad que no es otro que buscar la unidad: “Que todos sean uno como tú y yo somos uno” (Jn.17,21). Este es uno de los mayores deseos de los matrimonios cristianos, pero tanto Kika como yo creemos que esa unidad nunca se alcanzará si no se vive primero en uno mismo. Nosotros solemos decir que somos naranjas enteras y no medias naranjas que necesitamos complementarnos. Creemos que para cada uno Dios tiene pensado un proyecto de vida, una misión y lo ideal es compartir juntos ese camino de realización personal y desde ahí realizar juntos ese proyecto de unidad, donde ambos nos sumamos y logramos ser nuestra mejor versión.

Juanjo Silvestre


Soy médico de familia y he pasado el COVID

 

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Soy médico de familia, SFCC y he pasado el COVID; he pensado que compartir mi experiencia con vosotr@s sobre lo vivido como médico, como paciente y como S.F.C.C. puede aportar un acercamiento a la situación que vivimos, desde otro punto de vista: el de la profesional que cuida y que necesita ser cuidada.

A principios del pasado mes de Marzo, aquí en España nos sobrevino de forma abrupta, demasiado rápida la infección por el virus del COVID. Teníamos noticias sobre lo que estaba sucediendo en Italia, pero no lo esperábamos así, no estábamos preparados. Una grave enfermedad que terminaría con la vida de muchas personas: miles.

Los profesionales sanitarios tenemos la responsabilidad y la vocación de cuidar a los demás, velar por su salud. Así que nos pusimos a trabajar de la mejor forma que sabíamos ante lo desconocido de este virus que nos superaba día a día. Todos formamos un equipo, tanto personal administrativo, limpiadoras, enfermería y medicina. En el centro de salud todos éramos uno, trabajamos muchas horas y días  también festivos y sin descansar. Conseguíamos que el sistema funcionase, nadie puso objeciones.

Estábamos con los enfermos y sus familias, así que nosotros, sin medios para protegernos de forma adecuada (no teníamos EPIS, y las mascarillas nos duraban largas jornadas de trabajo); pues nos contagiamos en un alto porcentaje, se estima que un 40 % del personal sanitario hemos pasado el COVID.

Todo esto seguía empeorando la situación, porque el personal enfermo no podía ir a trabajar y no había suplentes, con lo cual se sobrecargaban más el resto de compañeros. Pero allí estamos, ahora no es el momento de lamentarse, hay que trabajar; todos para todos.

Pero no solo éramos nosotros, sino también nuestras familias, que viven con nosotros y que les podemos contagiar: los hijos, los padres, esposos; los compañeros me decían que llegaban a casa y no podían darle un beso a sus hijos o a sus mujeres, maridos… cuando se ofrecieron hoteles (bastante más tarde, de lo que nos hubiese gustado para proteger a los que convivían con nosotros), hubo compañeros que decidieron no ver a sus familias el tiempo que fuese preciso para evitar el riesgo de contagiarles.

Teníamos que ser solidarios, con los nuestros y con los demás; y así se hizo.

Empezamos a tener noticias de que algunos compañeros nuestros estaban falleciendo por COVID, somos vulnerables; tod@s.

Yo, me contagié en el mes de marzo; una fiebre elevada de 41 grados junto con una tos importante, era el principio de 29 largos días de confinamiento y tener que dejar a los pacientes y compañeros sin poder ayudarles. Mi P.C.R. fue positiva, pues sí estaba enferma con el COVID.

Pasé de vivir el intenso trabajo a tener que descansar, no podía salir a la calle para nada y no tenía compra de alimentos, papel higiénico… porque había estado trabajando y no había podido salir al supermercado.

Gracias a mis vecinos, vuelvo a la solidaridad de las personas, no me faltó nada, es más me sobró comida, artículos de aseo personal….

Se ofrecían a traerme todo lo que les decía y algo más, por si acaso no se lo había pedido; hasta me hicieron la comida unos días; me la dejaban en la puerta y después abría y la cogía. Eso es SOLIDARIDAD, todos los días llamaban para saber mi evolución preocupados por mí. Se habían invertido los papeles, ahora la que necesitaba cuidados y los recibía era yo.

En mi casa, no tengo terraza y vivo en un piso interior; me dio tiempo a valorar la situación, desde el otro lado, como paciente, necesitando de los demás y agradecida a tener unos medios, veía la situación de otras personas, en otros países que no podían tener esos cuidados. Me sentía privilegiada.

Y llegó la PASCUA., tuve tiempo para estar cerca de EL, de Jesús, aceptar una cruz que a pesar de estar enferma sabía que no era nada comparable, pero me sentí más cerca de EL, aceptando lo que pasaba.

Compartimos la PASCUA, guiadas por Magdalena y Carmen, a través de medios telemáticos. Me sentí muy cerca de Jesús, tuve más tiempo para estar con EL en la intimidad; lloré con EL, no le deje solo esta vez, Oré, mucho más que en otras ocasiones, ¡¡¡ qué grande eres ¡¡¡ que cerca estás, sólo tenemos que escuchar. Este tiempo, el silencio, la oración; compartiendo con mi comunidad SFCC; agradecida, muy agradecida RESUCITAR a este mundo, en nuestro día a día, siendo solidarios, ayudando, preocupándoos de los demás, cuidando nuestra casa común, la Pachamama.

Pertenecer a la comunidad SFCC me hacía sentirme acompañada, más fuerte orando e incluso físicamente; es curioso cómo sin llegar a tener un contacto personal físico, te encuentras muy cerca. Como médico creo que debe ser que las endorfinas permanecen más en el espacio intersináptico neuronal (bueno no puedo evitar el análisis científico). Vaya la oración común: que importante esa sinergia de tod@s, esa energía común que fluye desde nosotr@s para tod@s. (ALL for ALL).

Me fui mejorando y regresé al trabajo, ahora si cabe aún más motivada, renacida con el espíritu nuevo, con fuerza para seguir adelante, ayudando a los enfermos, sabiendo que nos apoyan con sus aplausos para mostrar su agradecimiento, utilizando las mascarillas, no viendo a sus seres queridos para no contagiarles; pensando en los demás.

De lo malo (la pandemia), hemos sacado actitudes positivas (solidaridad, agradecimiento, reflexión); ésta es la grandeza de nuestro espíritu.

Ahora, continuamos trabajando con ilusión, renovando cada día nuestros conocimientos y estudio; sabiendo que entre tod@s podremos conseguirlo; confiando como lo hizo Jesús en Abba; con la fuerza que nos infunde la Ruah: ADELANTE.

Lidia Casado

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El regusto del Encuentro vivido en Haro (La Rioja)
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“En mi oración personal siempre tengo imágenes que me ayudan a expresar mejor lo que vivo y siento. Toda expresión artística me acerca a la belleza del universo y en todo él, encuentro motivos para amar.

La oración de Jesús al Padre, en la que se basa el carisma de las SFCC “…que todo sea uno…” me trae siempre la imagen que os muestro:

En primer lugar, un cuerpo desnudo que después de recoger todo lo creado, se eleva para depositar todo sin distinción, incluso él mismo, en las manos del Padre. Es un cuerpo sin corona ni túnica, en el que podemos identificar a Jesús, pero en el que podemos identificarnos fácilmente cualquiera de nosotros. Si observamos, no deja nada fuera solo queda vacío, oscuridad y la nada, porque ni Jesús ni nosotros somos quién para juzgar.

En segundo lugar, rodeadas de manos y brazos, todas las criaturas, todo lo creado, el universo entero, todo volviendo a Él. 

En tercer lugar, unas manos grandes, abiertas, que reciben y acogen toda la creación depositada en sus manos. Manos que dan y acogen la vida. Como padre que soy, esta imagen de un padre o madre, siempre con las manos abiertas, sin reproches y llenas de misericordia para recibir las cosas del hijo, me conmueven y me conectan con Él.

Sólo espero que este sencillo dibujo os lleve a contemplar todo lo bello que hay alrededor, como lugar privilegiado de la manifestación de su amor por nosotros.”

Han sido muchas cosas las vividas y sentidas en este encuentro pasado en Haro. En primer lugar, ver el cuerpo y el universo con toda su belleza como lugar privilegiado de manifestación del amor de Dios; después las figuras de la mujer encorvada, las parteras y María Magdalena, me han ayudado mucho a verme como ellas: a veces encorvado y sin mirar de frente al amigo, mujeres que se arriesgan y dan todo por traer la vida, y la hermana M. Magdalena que entra en llanto ante el sepulcro por haber olvidado la promesa de su amado: que resucitaría.

Como os decía mi llamada viene de lejos, y aunque siempre me he mantenido fiel, mi respuesta no ha sido lo confiada y apasionada que merecía su llamada.

Me he vuelto a ver parte pequeña e insignificante del universo, único e irrepetible, imprescindible para mantener el equilibrio en mi entorno, pero rodeado de su presencia constante en todo.

Se que me eligió como soy, con mis debilidades y también con todos mis dones. Me ha vuelto a mirar de frente como un amigo y a decirme que confía en mí. Espera que goce de su presencia viviendo su amistad y muestre mi talla para servir a los demás. Llama constantemente a mi puerta, quiere convertir mi agua en vino. El es la fiesta. Su llegada siempre me sorprende. Necesito dejarme invadir por Él.

Qué importante es estar atento a todo lo que acontece y se manifiesta en mi vida. Si mis ojos, mis manos, mis oídos, mi olfato, mi gusto, no están atentos me perderé muchas de sus manifestaciones. Me he vuelto a preguntar ¿cómo utilizo yo mis manos y todos mis sentidos para descubrirle y dar testimonio de su Vida y de lo que yo vivo en Él? ¿No le descubrimos cerca al agarrar una mano amiga, al escuchar una palabra agradable, una mirada de paz, un abrazo sentido, un beso…? Mi ego crece y le gusta más rodearse de palabras, gestos y signos grandilocuentes.

He vuelto a ver claro cómo Él me amó primero. Me eligió y me amó sin pedir nada a cambio. Un amor incondicional. ¿Cómo no llorar cuando observo mis fallos constantes? Me pide una relación constante de amistad íntima y lo está esperando de mí. Quiere, espera que me haga como Él. Que yo sea su imagen en mi momento y en mi lugar entre los hermanos. ¿Y qué mejor que mostrando mi talla y todos los dones que me ha dado?

Soy expresión de amor de Dios en el mundo y así he de ser en toda mi vida, hasta que vuelva a ser otra vez parte de la materia que me constituyó.

Angel Santamaría

Casado, padre de tres hijos, caminando como “inquirer” con SFCC y siempre en escucha de la Ruah


Desde lo cotidiano
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manos en la tierra

Como María  y por mi Bautismo consagrada a Dios, también  me pongo en camino como Ella a proclamar la Alegría que siente mi espíritu porque es Él el que me busca y me cuida.

Abro en “ mi casa” puertas y ventanas para dejar que este aire fresco y nuevo la ventile y limpie de cargas, doctrinas, normas,miedos, pecados, losas de sepulcros vacíos que no dejan crecer brotes tiernos de Vida y a caminar muy muy  ligera de equipaje.

Soy ama de casa, mi mejor  título es ser HIJA DE DIOS  y desde mi vida “sencilla”,  vivo como “inquirer”, los valores evangélicos de esta comunidad SFCC que el Espíritu ha puesto en mi camino como un gran regalo.

Valores evangélicos LA ESCUCHA, EL AMOR INCONDICIONAL, EL SERVICIO que en el hogar se ejercitan con toda certeza al máximo.

Desde lo cotidiano, esta Comunidad me ofrece un espacio integrador  de cuerpo y espíritu. Me enseña a  Orar con la Palabra. A crecer compartiendo con reflexiones, en retiros y experiencias  y a sentirme acompañada en este  mi mundo patriarcal “anclado aún en la tradición y en  una religiosidad   obsoleta con demasiados ritos que transmiten poca Vida.

En este proceso que vivo, en compañía y unión con un grupo de personas, se bebe un vino nuevo que empodera, llena de fuerza  y Alegría y en la que el Espíritu te empuja a vivir y anunciar a un Dios que solo desea nuestra plenitud y felicidad .

Deseo para tod@s La Paz de Dios que, afortunadamente nunca nos deja en paz.

Maricruz García


Y después de Haro, ¿qué?
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Luisa y Maricruz ungen nuestras manos al fianl del retiro

Fui al encuentro de este verano en Haro porque tenía mucha hambre y sed de silencio, de interioridad, de encuentros especiales y profundos … sed de Dios. Desde el minuto uno me identifiqué con esta frase: Le buscas? Es que lo tienes. Sentirlo, gozarlo, interiorizarlo día a día fue mucho. Todo invitaba al encuentro: paseos, canciones, charlas, silencio y un grupo de personas muy especiales; buscadoras inquietas todas ellas,  que cada día nos desnudábamos un poquillo y compartíamos los guiños que nos había hecho el Espíritu.

Lo he vivido todo como una llamada a una nueva relación con Él. Los personajes que sabiamente salían en las charlas me han ayudado al proceso de  irme reconstruyendo, ser morada para el Amado, hija amada, predilecta,  cocreadora,  partera;  todo ello para  despertar a mi verdadera talla, para ser consciente de la mirada de Dios en mi vida y  descubrir así el proyecto que Dios tiene para mí.

Y sentir esa mirada transformadora, edificante como antes no me había interpelado de esa manera, me invita a  a dejarme mirar, y a mirar como Él mira, lo que hace, cómo consuela, cómo empodera, cómo me ayuda  a decir NO a lo que me satura y no crea vida. Cuando vives todo esto empapada de Dios, porque si no, no es posible y sostenida por la comunidad SFCC a la que pertenezco, no puedes guardártelo, tienes que cantarlo a los cuatro vientos. Desde ahí todos nosotros sentimos la urgencia de “contar lo vivido” cada uno desde dónde está.

Yo soy maestra, con 30 años de SERVICIO, y lo pongo con mayúscula porque así lo vivo, como servicio.  El curso pasado, por la pandemia, fue especialmente duro para todos y a todos los niveles. Desde la pantalla de mi ordenador tuve contacto y seguimiento con todas mis familias. Lo tuve claro desde el principio, quería saber cómo estaba cada una de mis familias para desde ahí acompañar atendiendo a sus necesidades. En esto consiste mi profesión no? hasta aquí puede ser lo normal, pero desde que formo parte de SFCC, vivo más el “desde dónde lo hago”. Por eso cada mañana me nutro de Él, conecto con Él y así desde nuestro ser interior, desde dentro,  todo tiene otro sentido. Al final de curso recibí de una compañera un comentario que me emocionó profundamente y que yo os señalo, no para vanagloriarme,  sino como una señal de que por ahí puede ser el camino: “Siempre tienes la mirada en el que no puede, no tiene, o no llega. Eres como un faro que nos recuerda que hay que pensar en todos”.  ¿A que tengo motivos suficientes para seguir por ahí?

Y es por ello que ahora que acaba el verano y nos espera de nuevo cierta incertidumbre ante el comienzo de curso, voy a seguir en esa línea, e intentar vivir lo descubierto en Haro: quiero mirar a mis alumnos y familias como Él me ha mirado, acogiendo  lo diferente como valioso y enriquecedor para todos, quiero hacer como Él hace, cultivando la interioridad como espacio “habitado”, creativo, lleno de posibilidades, capaz de empoderar al más pequeño y sacando lo mejor de cada uno, pero, para compartirlo con todos, quiero ser cocreadora, desde Él, que me visibiliza y endereza; pero con ellos y seguro que alguna familia y así, crear espacios donde lo importante sea ser, confiar, aprendiendo juntos que todos y todo estamos conectados; el saberlo, el sentirlo y el cuidarlo será nuestro trabajo a partir de ya.

Luisa Montero De Pedro


Mi camino hacia Santiago

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Símbolo camino de Santiago

Este verano, después del largo confinamiento cuya experiencia ya os compartí, necesitaba caminar para dialogar con la naturaleza, con otros peregrinos, conmigo, para orar caminando y disfrutando de los paisajes y pueblos a lo largo del Camino. Así que aproveché la oportunidad de hacer un tramo del Camino de Santiago, de Roncesvalles a Logroño.

Ya tenía experiencia del Camino, ya que en otras dos ocasiones había hecho el camino desde Piedrafita del Cebreiro (Lugo) hasta Santiago de Compostela y en otra ocasión desde Santiago de Compostela hasta Fisterra (el fin de la Tierra); ¡precioso! permitid que os lo recomiende.

Las jornadas del camino (etapas) están distribuidas de tal forma que se pueden hacer durante un día caminando;pero si necesitas más tiempo, empleas dos días, de tal forma que aunque no seas un andarín habitual siempre lo puedes hacer.

Lo interesante del Camino no sólo es el ejercicio físico que haces visitando los lugares donde antiguamente se alojaban los peregrinos que iban a visitar la tumba del apóstol, ni tampoco los paisajes y pueblos que te encuentras, que son muy interesantes y pintorescos y te trasladan siglos atrás pudiendo imaginar las condiciones de los peregrinos de otras épocas. También, es muy interesante a nivel cultural pudiendo disfrutar del Románico y del Gótico primitivo en iglesias y catedrales, conventos, hospitales …

Pero lo más genuino del camino son los tiempos que tienes de reflexión y de oración, cobijados en la hermosa naturaleza que te acoge en cada etapa. Tiempo de tranquilidad, de paz, de oración; de sentirte tú también apóstol, de dar gracias al Padre- Madre creador.

Me resultan muy hermosas las conversaciones entre peregrinos, que además de desearnos “buen camino”, con algunos hablamos sin las etiquetas que tenemos a diario ya que en el camino todos somos iguales. Este año tenía de particular que había muy pocos peregrinos extranjeros (debido a la situación COVID) por lo cual las típicas preguntas de de dónde eres y hablar de sus países no se dieron. Después de un somera presentación ya nos poníamos a hablar sobre el Camino: ¿por qué lo hacíamos? ¿qué esperábamos? ¿ nos gustaba la experiencia ?

Después, siempre comentábamos que no era sólo la naturaleza y el caminar, sino el pensar, el dedicarte tiempo a estar contigo. Curioso, en nuestro día a día también tenemos tiempo, pero no nos lo dedicamos. Y sobretodo la necesidad que tenemos (más la gente más joven; ya resulta llamativo) de tener un sentido espiritual fuerte, que nos alimente, que nos sirva de apoyo y de guía.

Mucha gente durante el camino, me confesaba que buscaba; unos se apoyan en el yoga, en el mindfulness , en grupos de meditación oriental… sin embargo no están satisfechos, buscan más.

Yo les hablaba de mi experiencia con SFCC. Su primera reacción era de sorpresa, no sabían que hubiese grupos cristianos en esta línea: ecuménicos y basados en la revolución del concilio Vaticano ll.

Se lo explicaba; también muchos católicos convencidos insistían en que para ellos lo principal era ir a Misa y que el sacerdote les explicase las lecturas o el Evangelio; no se habían ni siquiera propuesto pensar por ellos mismos y a reflexionar a la luz de la Palabra.

Yo me sentía empoderada explicándoles mi experiencia en SFCC, a la vez que daba gracias por tenerla. A alguno les dí nuestro enlace web; quien sabe si hay alguna vocación oculta. Yo les trasmití mi alegría y ellos compartieron sus deseos de peregrinar conmigo.

Sí, muy enriquecedor de forma mutua. Escuchar sirve para poder compartir el camino, la vida.

Me he sentido feliz por poder llevaros en mi mochila (a los miembros de SFCC que hacemos comunidad aquí en España, y a toda la comunidad Internacional SFCC) por la vida que nos proponeis y la fuerza que me trasmitís. Ojalá también la puedan disfrutar muchos más.

Por eso, a seguir día a día en nuestros lugares trasmitiendo la Palabra y os animo a hacer algún año el camino de Santiago, o un trocito como os he contado.

Lidia Casado, SFCC España.

Médico de Familia en Madrid

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