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Para soñador@s

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Durante la noche se ha ido gestando un pensamiento que me ha respondido el evangelio sobre José de Nazaret.

Me preguntaba un joven, miembro de nuestra comunidad de Magdala. Su pregunta, entre otras, era: ¿Cómo desde el corazón de Europa puedo contagiar eso que a mí me da vida, a otros jóvenes, en un ambiente tan individualista y casi completamente desconocedor del Evangelio y de comunidades cristianas vivas…?

La respuesta fácil fue, ya sabes que precisamente nuestra comunidad es super abierta y diversa y cada persona es autónoma, el nivel comunitario lo vivimos a través de una comunicación frecuente, profunda -bien online y/o presencial- cuando se puede. Precisamente no se favorece la vida en común porque puede ser la aspiradora de ilusión y energía, cuando los egos y necesidades afectivas no atendidas afloran. Precisamente estamos trabajando documentos de nuestra comunidad donde se argumenta la fuerza de la madurez personal, como meta de la convivencia. Si ella se da, habrá comunidad, se creará comunidad sana. Si no, se crean grupos que pueden convertirse en «grupos de terapia, de apoyo…»con poca perspectiva y atractivo a la larga, terminando compartiendo lo que otros dicen, sin entrar en lo que Dios nos dice a nosotras, a nosotros.

La conversación siguió y comentaba como él comparte con su pareja, una chica protestante, casi toda la formación que él recibe, y decía, el proceso es hermoso. A través de su confianza en mí ella se va abriendo, y yo le explico, hacemos silencio juntos, compartimos… Gracias a que la comunidad es ecuménica tiene la ilusión de que también ella se sienta invitada a pertenecer, con él, haciendo camino y abriendo camino para otros.

Hasta ahí, bien. Y de mañanita leo, de nuevo, que «…el ángel habló a José en sueños». La conclusión la conocemos, gracias a que José «atendió a su sueño» tenemos a Jesús, tenemos el Mesías, el discípulo de Abba.

¿Será que no hay vocaciones cristianas porque no atendemos a nuestros sueños en los que nos habla Dios? ¿Será que las personas de mediana edad no sabemos «acoger sueños» y nos pasamos la vida esperando permisos y opiniones jerárquicas, que de nuevo están siendo arrasadoras de sueños?

Los sueños se tienen de noche, y cuando el ego está dormido. Al decir ego también incluyo la carga moralista recibida. Los sueños se recuerdan cuando nos tocan la fibra vital. Y si son de Dios, son siempre positivos, cuidadores de la vida, aunque al principio no se perciba así.

En José el sueño acogido le cambia la vida. Y con su humildad continúa la trayectoria que había iniciado aquella insignificante muchacha de pueblo pequeño. También el ángel o el Espíritu, diríamos hoy, andaba por aquellos cerros.

¡Como no va a salirles soñador el muchacho! La escuela de formación de Jesús de Nazaret se dio en un hogar de soñadores y escuchadores de sueños. El joven Jesús tiene la energía sana de una familia que es capaz de atender a su interioridad, a su conciencia y educar en ese amor silencioso y fascinantemente soñador.

¿Fue esta la raíz de la libertad y fuerza de Jesús? Ambos José y Miriam le enseñan a tratar a Dios como al inspirador de sueños. Le enseñan a tratarle con tal confianza que empieza a llamarle como llamaba a su padre, con esa cercanía. Porque el Dios que habla en sueños no puede permitir la rigidez, ni el dolor de la injusticia, ni el abandono de los vulnerables…

Deseo que el sistema educativo enseñe a escuchar sueños. Que las familias sean acompañadas en procesos de descubrir sus sueños, y que los jóvenes nos encuentren vibrando por dentro porque «el ángel, también a nosotras-os nos habla en sueños» y nos lo creemos.

Por cierto, a este joven le conocimos en clases de Neerlandés en Lovaina, y a pesar de la diferencia de edad… nos enganchamos a soñar juntos, y ahí seguimos. El quiere evangelizar Europa, nosotras también…buscamos juntos como, y hacemos comunidad.

¡Es un sueño!

Magda Bennásar Oliver, sfcc

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