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    Y, nuestra comunidad de Magdala crece

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              Con corazón agradecido y expectante damos la bienvenida a la comunidad de Magdala a un nuevo grupo de personas.

Las personas que nos sentimos afines a esta comunidad somos mujeres mayormente y algunos hombres que como Rut y Noemí tuvimos que dejar atrás espacios familiares, sobre todo de iglesia institución, para echarnos al camino en busca de sentido.

Las pérdidas-salidas, tanto de comunidades religiosas como de comunidades parroquiales o la ausencia de pasado en la fe, hicieron que muchas personas nos pusiéramos en camino buscando otra orilla.

La luz interior de la que venimos desde antes de nacer y que nos constituye ha sido nuestro faro. Y poco a poco, persona a persona, hemos ido encontrándonos.

Los espacios en línea que ofrecemos desde la página espiritualidadintegradoracristiana.es  han sido un lugar de encuentro en el macrocosmos de la comunicación en red.

Hoy podemos decir que la comunidad de Magdala tiene dos alas:

Una que empezó hace más de cuatro años que ha significado para todas, una evidencia de que la experiencia de Dios y de vida se mezclan como el agua con la harina, para ofrecer un alimento que nos nutre e impulsa nuestros diferentes compromisos.

La otra, está asomando la cabecita. Estos días está naciendo tras verificar que las personas que nos acompañan en los espacios contemplativos, de estudio y de desierto: retiros de silencio y  Palabra, se sienten comunidad. Y sí, esta vez, no solo mujeres, también algunos hombres experimentan un sentido entrañable de pertenencia.

Tal vez proyecto una de las imágenes bíblicas que más me conmueven para expresar lo que quisiéramos ser y de alguna manera ya somos: lugar de sano refugio en medio de los vendavales y areniscas del desierto.

Y, no menos importante, un grupo de las mujeres de Magdala que somos o hemos sido mujeres consagradas, tenemos una vez al mes un café en línea, bien sabroso. Confesamos que últimamente se ha unido una mujer casada y sí, su manera de vivir ha encontrado espacio entre nosotras. Pocas, pero representantes de diferentes países y culturas.

Como veis nuestra historia de salvación también tiene lugar en el desierto. Allí, como nuestras madres y hermanas en la fe, encontramos y ofrecemos hospitalidad para lxs buscadorxs y brújula para quienes, después de descansar, desean seguir su camino, con nosotrxs o por su cuenta.

Como decían nuestras abuelas y madres, “en casa siempre hay cama y comida”: nuestras comunidades desean ser lugar de descanso y de alimento, para que nuestro desierto no sea tan inhóspito.

María de Magdala nos empodera a seguir nuestra luz interior y a realizar nuestra tarea.

Estamos encantadas de responder a preguntas y a discernir si alguno de estos espacios puede ser para ti. Deseamos mantener un equilibrio de edad para que también los más jóvenes sientan que pertenecen.

Espiritualidad integradora cristiana

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