SER CONDUCIDA

Lo halló en una tierra desierta, en la soledad rugiente del desierto. Lo abrazó y cuidó de él. Lo guardó como a las niñas de sus ojos. Como el águila que incita a su nidada y revolotea sobre sus polluelos, así desplegó él sus alas y los tomó, llevándolos sobre sus plumas. Sólo el Señor los guiaba, no había con él ningún Dios extraño  (Dt 32,10-12). Os invito a hacer esa experiencia. Es todo un reto a la mente occidental y al activismo que desarrolla creyendo que esa mente y sus proyectos son lo correcto. Las personas que  intentamos hacer … Continúa leyendo  SER CONDUCIDA