Fraguando la vida…

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Silencio y palabra

Lectio divina

La  lectio divina es un antiguo itinerario para hacer una lectura orante de la Biblia. Aunque es un método muy antiguo, no se ha hecho popular hasta ahora ya que antes sólo se practicaba en los monasterios. Hoy en día hay mucha gente que lo usa como método de oración personal y otros lo comparten en sus grupos de oración. Este método ayuda a la relación personal con Dios, a escucharle personalmente y en comunidad y a profundizar en nuestro compromiso cristiano.

Preparación Antes de acercarnos al texto (por ejemplo: la lectura del evangelio del día, tanto de labor como domingo), preparamos nuestro interior para acogerlo como Palabra de Dios. Por eso ayuda mucho, empezar la oración con unos minutos de silencio en los que aquietamos el ritmo rápido de nuestra vida y nos preparamos para “alimentarnos”, y así poder ser alimento para otros. Nos ponemos en su presencia, con la certeza de que me habita, haciendo silencio, disponiéndome a escuchar, como si la leyera por primera vez.

  1. Lectura Lee el texto despacio, poniendo atención, con el deseo de descubrir el mensaje del autor. Si hay notas a pie de página léelas para entender mejor la explicación sobre el momento histórico, las circunstancias en las que se producen los hechos o cualquier otra aclaración. Recuerda que es una lectura orante y que no es el momento de sacar conclusiones sino de “escuchar” atentamente y en profundidad. En este primer paso entendemos “qué dice el texto”.
  1. Meditación En un segundo momento, al volver a leer el texto, la atención se centra en qué me dice el texto en mi situación personal, comunitaria, social. Aquí empieza propiamente el diálogo en el que le pregunto a la Palabra, qué me quiere decir, y hago silencio para escuchar la respuesta en mi interior.
  1. Oración Vuelvo a leer el texto por tercera vez y esta vez mi palabra responde  a la Palabra. Es el momento en el que yo respondo al texto. Ahora  dialogo de una manera personal y respondo a Dios como soy y según el momento que estoy viviendo.

Si tengo más tiempo saboreo ese encuentro y me dejo guiar por ese mensaje que he recibido hoy; sin olvidar que no puedo acabar la oración sin un compromiso concreto que voy a intentar poner en práctica en el día o seguir trabajando algún aspecto de mi vida que necesita atención.

Es muy útil orar con un cuaderno al lado. A veces el escribir nos ayuda a centrarnos cuando estamos dispersas; también va bien escribir la oración en forma de diálogo o las conclusiones y compromisos. El releer lo que he escrito me hace darme cuenta del proceso que Dios va haciendo en mi vida.

Como todo método de oración es una herramienta que se tiene que aprender a usar; estos pasos han sido guía para crecer en la relación con Dios y en el compromiso con los demás durante siglos, pero como toda práctica al principio puede resultar árida.

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