RESURRECCIÓN

maria-magdalena

 

La experiencia, la vida me ha ido confirmando que la Resurrección no se comprende si no se experimenta y se vive ya aquí y ahora.

Sería idóneo preguntarnos en un rato de silencio oracional, si a lo largo de este año ha habido momentos, situaciones…que nos han permitido experimentar que estamos viv@s de verdad.

Hay muchos tipos de muertes, de enfermedades, y de pobrezas. La más obvia, todo lo que se refiere al cuerpo y a la mente: enfermedades físicas y sicológicas. Hoy tenemos suficientes conocimientos para comprender que somos una unidad, que todo está conectado, nuestros diferentes estados de salud, de ánimo…están conectados con la salud y ánimo de las personas que nos rodean, con las realidades sociales y del universo.

Una  experiencia común de ello es lo bien que nos sentimos en la naturaleza y lo menos bien que podemos sentirnos en la ciudad, con toda su tensión, su energía negativa por la contaminación, la crispación social, la pobreza de tantos…

Y si salimos a un espacio abierto, cerca del mar o del bosque sentimos que hay otra energía. Debajo de las estrellas nos sentimos vibrar, dentro del mar estamos “como pez en el agua”, abrazando árboles nos energizamos, relajamos, son el mejor ansiolítico que conozco…

Y ¿dónde recuperamos nuestro espíritu, nuestro ser más profundo? Es ese espíritu el que compartimos con Abba, y somos semejantes a él, como Jesús. Es  la Vida que nos permea e inunda todo de luz o sombra, de amor o tristeza.

Ahí, en este hondón bulle en nosotr@s la vida de Dios, somos hij@s y sentimos la Vida.

Vida que si “escuchamos” en nosotr@s nos inunda de esperanza en cualquier situación, a pesar de todos los pesares, enfermedades, fracasos, vueltas y más vueltas en la vida.

“Shemá”: Escucha pueblo mío, comunidad mía, hij@ mí@:

¿Puedes recordar si alguien en algún momento de tu vida, o de este año pasado, ha removido la piedra de tu sepulcro?

Nadie niega que haya habido muerte, dolor, miedo, frustración, enfermedad… ¡claro que la ha habido y la hay! y como nuestras hermanas mayores vamos al sepulcro, al lugar donde creemos que está lo que queda de lo que amamos, y vamos con nuestros mejores deseos: ungüentos, a “embalsamar” a fosilizar, a momificar los recuerdos de la vida que antes bullía en nosotros…¿alguien se libra de recordar el pasado: los seres queridos, la juventud, la salud, alguna persona o comunidad que nos dio amor, que nos hizo sentir bien…como situaciones que quisiéramos embalsamar para que no evolucionaran, no nos dejaran?

Los que ahí estamos, no comprenderemos la vital importancia, no de que Cristo Resucitó, que se puede quedar en una frase del Credo, sino la vital importancia de nuestra resurrección, gracias a la suya, parte intrínseca de la suya.

Es él, Jesús Resucitado, quien dejó la tumba, no sin antes haber experimentado todos mis dolores, muertes, tensiones, rabias, miedos, dudas, y haberlos dialogado, discutido, reprochado al Abba. Jesús no se queda en la tumba porque es la Vida, y la Vida que está en nosotr@s hoy, ahora. Y la vida no se embalsama, no se detiene, la vida evoluciona, se desarrolla, se comparte.

El texto habla de una piedra que separa la muerte de la vida. Me atrevo a decir que esa piedra es mi no-diálogo con Dios, mi no creerme que yo/tú podemos dialogar con el Abba como lo hizo Jesús y que esto, precisamente este diálogo, es lo que nos devuelve la Vida.

Tan sencillo como, cuando una relación se rompe, lo primero que hacemos es dejar de “hablarnos” de comunicarnos.  La ausencia de comunicación, de acoger su presencia en el silencio, de abrirnos a vivir la vida en él, nos introduce en una tumba de soledad y frío y muerte. Crea un muro, una roca inamovible, y Dios nos respeta.

 Nuestro espíritu necesita, como el cuerpo, alimento. Esto es lo que el diálogo con el Abba y con las personas nos regala, alimento profundo, porque cuando no me puedo comunicar con alguien es como si me dieran por muerta, o peor,  en el olvido total, y esto duele, desequilibra.

 Cada persona puede ponerle otro nombre, no importa, en el fondo de los fondos, es esa apertura profunda a la Vida que se nos regala lo que nos devuelve la Vida. Es dejar que alguien mueva la piedra que me separa de una comunicación de Vida con Dios y con todo.

Lo maravilloso de la experiencia de M. Magdalena y sus amigas, es que cuando llegan ahí, preocupadas por quién moverá la piedra para que ellas puedan entrar a rendir homenaje al cuerpo de aquel que amaron, con toda la ternura y cariño de sus corazones partidos de dolor, se encuentran con algo que las sumerge todavía más en su tristeza: ni piedra ni cuerpo para embalsamar…ni siquiera el consuelo de agarrarse a la muerte y al dolor…

Y es que, la Vida no se detiene, la Vida que es el Amor, es más fuerte que la muerte y que nuestros muros, y nuestros duelos por el pasado.

Y “shemá”: escucha: “Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?”  (Juan 20,15)

Ella como nosotr@s sigue y seguimos con nuestro rollo, que además tiene lógica “si te lo has llevado, dime dónde lo has puesto…”

Y ahí viene la palabra que la resucita a ella, a María de Magdala, y a nosotr@s si escuchamos con un corazón roto pero abierto; la palabra no es ni más ni menos que su nombre, pronunciado con su acento familiar, con su tono familiar, con la fuerza y ternura suficiente como para que aquella mujer que años atrás había dejado todo para seguirle porque la llamó por su nombre, ahora, RECONOZCA la voz, el susurro íntimo, que remueve la piedra de su corazón ya aferrado a la idea de la muerte de su amigo.

Me atrevo a decir que es esa Voz  la que mueve su piedra, y muerta de miedo porque ya no controla ni bálsamos, ni cementerios, se deja enamorar de nuevo por lo que aquella presencia le devuelve.

Por eso Jesús le dice “suéltame”, es decir, suelta el pasado, ábrete a ese amor, que yo llamaría célibe porque es gratuito, sin límite, sin fronteras, porque se convierte en grito de esperanza cuyo eco nos llega hoy.

 Sí, el eco de la alegría y la danza de aquella mujer, nos llega a través de la historia, en las voces y danzas de miles de mujeres y hombres, que mayormente fuera de la institución, nos han comunicado y nos siguen comunicando el eco de su propia experiencia de Vida.

Para mí, hace un año, fue a través de un periódico digital, cuando de pronto me pareció que me removían la piedra desde las palabras de una mujer que no conocía, de otra raza y continente, pero cuya experiencia se me clavó en el alma y me ha cambiado la percepción del presente y del futuro.

La experiencia escrita de volver a la Vida, fuera de una institución comunitaria y eclesial que me embalsamaba, ha sido la resurrección más reciente que puedo compartir. Estoy tan segura de ello, como que mis amigas y amigos también están reviviendo y notando la vida nueva que bulle entre nosotros.

De pronto se derriten las piedras, por grandes que sean, y el dolor de tener que pedir un indulto por dejar una comunidad fosilizada y pertenecer a otra viva para mí, o tener que dejar país y volver con sensación de medio fracaso, todo es nada, aún con un pie roto, puedo danzar y bendecir la Vida, porque la palabra escrita en un periódico digital en inglés, me derritió la piedra.

¿Mi compromiso? Es tanto el agradecimiento que no he dejado de escribir, incluso esta Pascua on line, para que la Voz, escrita o hablada o el silencio acompañado, llegue, corra, levante a mis hermanas y hermanos aplastados por las rocas institucionales inamovibles, que en nombre de Dios nos separan de Dios (????)

Salgamos al campo, a la ciudad, a la Galilea de la Vida, y con la libertad de hij@s digamos a nuestr@s amig@s, como ella “he visto al Señor en persona y me ha dicho esto” (Juan 20,18) y “esto” es lo que tú has dialogado con El, lo que tú escuchas en tu hondón, lo que tú y yo sabemos y ell@s quieren saber. Es el Señor en persona quien nos lo dice, a cada un@ por nuestro nombre. En persona sí, porque como vemos en los textos de las apariciones, a cada un@ le habla en su idioma del alma, y en persona, le devuelve la dignidad, la voz robada, el futuro lleno de verdes y rojos colores de la vida y del amor.

Y tú ¿qué piensas hacer para compartir tu Pascua, tu paso del muro del silencio al diálogo en los jardines, huertos, campos de refugiados, cárceles y hospitales, universidades, residencias y colegios, siquiátricos y hogares que visitas, que habitas, desde donde hablas con ellas y con el Abba que nos hermana?

Me acaba de llegar la noticia de que unas monjas belgas se rebelan contra la institución que les quiere quitar el convento porque son pocas y mayorcitas, y ellas se resisten y reclaman su derecho a ser beguinas…menuda resurrección “zusters”, hermanas, vosotras sí que habéis escuchado su voz…ya somos más de ese lado de la piedra.

Os invito a danzar, a tod@s, l@s que podáis, no dejéis de hacerlo. La danza sacude el polvo de un cristianismo sin Vida y hace que el duelo se convierta en gozo. Mirad la cara y el cuerpo de los que se meten en la música, sienten el cuerpo y el alma, y ¡danzan! y sonríen, y se relajan, y al final, casi sin querer se abrazan…

¡Feliz Pascua, comunidad! ¡Alleluya! ¡Alleluya!

 

UNA PETICIÓN

Y con la energía renovada por este encuentro con el Resucitado hoy, y después de numerosos intentos, os invitamos a participar en un proyecto como continuidad y compromiso con la Vida.

No nos importa el lugar, ni siquiera el país, pero deseamos responder en comunidad, en la creación de un pequeño centro donde se cultive una espiritualidad abierta y respetuosa, con compromisos reales:

-lugar de Shalom: de reconciliación y de Paz, donde nos ayudemos a sanar heridas y a lanzar proyectos que nos unan y hermanen, acogiendo los talentos y capacidades de cada un@

-lugar de descubrir la Vida, sentirla y compartirla, desde una oferta sencilla de encuentros, de cursos, retiros…que nos introduzcan en esa otra capa de la vida un poco más profunda, donde tod@s somos iguales.

-casa de acogida a los más jóvenes, en búsqueda de su lugar, con respeto y escucha, creando espacios de compartir y de escuchar.

-lugar donde el respeto por el planeta y la persona se haga real con tiempos para una profundización y tiempos para una plasmación de lo aprendido.

-lugar de comunidad desde los principios innegociables de colegialidad, escucha profunda, amor incondicional.

Para ello, buscamos una casa, cedida o alquilada, para que con las personas locales en el día a día, y con tod@s l@s que pod@is los fines de semana, vacaciones, vayamos dando forma a una comunidad interreligiosa, como desea hacer el Espíritu del Resucitado hoy.

Si sabes de algo, o quieres aportar un donativo, o tienes ideas y ganas ponte en contacto.

Sólo desde el jueves santo, unas 3000 personas hemos participado de una sencilla oferta de una Pascua on line. Imaginad tener un lugar donde seguir viviendo esa experiencia, como l@s primer@s herman@s , que en aquellos momentos origen del cristianismo recibieron el encargo de labios del Resucitado.

No nos importa el lugar ni el país. Sólo que sepáis que ahora estamos entre País Vasco y Cantabria.

Abrazos Pascuales.

 

 

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