DEJA LA PLACENTA Y NACERÁS

Esta afirmación, que es una obviedad, y ya sé que nacer es más complejo, podría ser otra forma, más integradora, de explicar el evangelio de Lucas 5,1-11.

Dejar la orilla, dejar el lugar seguro, el seno materno, donde nos nutren, oxigenan, miman y lanzarnos mar adentro, donde haya más profundidad.

Tendemos a estar en la orilla, donde hacemos pie; sólo quien se atreve a ir más allá podrá vivir la experiencia a la que se nos invita como hijxs y discípulxs.

Mucha gente hoy meditamos, otros incluyen música, todo es bueno. Hay algo que supone riesgo y es nacer. Dejar a la madre, arriesgarnos a salir y descubrir la vida con ojos nuevos, sabiendo que el empujón de la madre para sacarnos de ella es doloroso y que mientras luego la madre sonría la niña llora, ese llanto abre los pulmones, y con ello la vida.

«Saca la barca donde haya más fondo y echa tus redes…» está hablando de nuestra interioridad, de nuestra Vida. Está hablando de nuestra vocación-filiación a ser personas que ayuden a otros a salir, a nacer y descubrir la Vida en la vida.

Pescador de personas significa rescatar a lxs que sufren, a lxs que están en peligro de ahogarse por el sinsentido de una vida siempre amenazada por un nuevo virus, por un cambio climático, por un control que no podemos ni intuir de fuerzas que no son las que Jesús nos regala.

«Fiada en tu Palabra echaré las redes» será su Palabra la que dirige nuestra vida a un seguimiento que responde a una llamada a vivir nuestra vocación cristiana en plenitud: alguien define vocación como encontrar el camino más allá de buscar mi realización personal, aprovechando al máximo todos los recursos-herramientas-cualidades recibidas.

Elegir un camino es dejar otros. Es elegir echar la red, echar la energía y creatividad, donde se me indica por dentro, más allá de lo que parece urgente y es necesario. La persona que me dirige mar adentro, donde no hago pie, es como la madre que prepara la cuna, el espacio donde el recién nacido tiene que habituarse a vivir: a respirar por sí mismo, a alimentarse con esfuerzo, a dejarse limpiar y curar…para que evolucione con la altura y profundidad para la que está diseñado.

Este es el papel, tan femenino, que Jesús realiza con las personas que se adhieren a él. El cariño, el mimo, el empoderamiento a las personas que se arriesgan a ponerse en camino, guidadxs por su voz, es incalculable.

Si buscas crecer, madurar, salir del ego y del razonamiento que tanto valoras, no dudes en tratar de profundizar más en aquello a lo que se te invita. La llamada-vocación es para todxs, depende de tí que experimentes una respuesta u otra.

En el evangelio encontramos todo tipo de respuestas, hoy nos toca escribir-vivenciar la nuestra, sabiendo que el camino que abrimos, otrxs lo seguirán.

Si me quedo en la placenta, me asfixio y posiblemente daño a la Vida, a la madre que me prepara para que yo sea yo, con su sangre en mis venas, con ese parecido y gestos que repetimos lxs hijxs. ¡A lo Dios!

Cuando no hago pie, que es muchas veces, sé que tarde o temprano, si me mantengo unida a la fuente, vendrá la luz, la voz, la fuerza, y el abrazo para dar otro paso más. La madre nunca abandona. Tú lo sabes.

Magda Bennásar Oliver, SFCC

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