EN SU TIENDA DE REFUGIO

Foto de Taryn Elliott en Pexels

Hoy el contexto es alucinantemente adecuado; todos buscamos una tienda de refugio en el desierto en el que como humanidad nos encontramos: para muchos hoy la realidad es como un enorme descampado donde no sabes donde puede caer la siguiente bomba, sea real, como vivimos en Europa muy de cerca, sea simbólica, en el sentido de otras realidades que se van retirando porque la siguiente es «más difícil todavía»: estábamos en medio de una lucha por despertar a la realidad del daño irreversible que causamos al Planeta, y para distraernos de ello, se desata la pandemia que ha cambiado a la gente, además de perder a 6 millones de personas.

Y para no dejar de meter miedo y presión todavía estando la pandemia dando coletazos se desata la guerra que venía ocurriendo desde hace años, en un perfil más bajo, sin casi enterarnos la mayoría de la población mundial, pues hay varias guerras ahora mismo, unas 30, y llega un momento que «desconectamos».

La de Europa tiene la posibilidad de convertirse en guerra mundial en cuestión de horas. Por ello no paramos de meditar, de permanecer conectadas a esta fuente interminable de energía positiva, de Amor, que como catarata nos sigue proporcionando todo lo que necesitamos para contrarrestar cualquier signo de violencia, de no-amor.

Hoy la amenaza está creando un éxodo histórico. El desierto por el que transitan millones de mujeres y niñxs y también soldados, no es muy distinto del desierto que el pueblo de Israel transitó a lo largo de un período muy largo y difícil, donde perseguidos por una gran potencia buscaban su espacio, su tierra.

Pero, antes de llegar a la tierra, que llamarán Prometida, su vida transcurre en tiendas donde se refugian del calor sofocante durante el día y del fuerte frío de la noche, de las tormentas de arena y del sinsentido ante la larguísima travesía: de la soledad y sentimiento de intemperie, porque es en estas tiendas donde conviven, socializan, discuten, se aman, se acompañan, lloran y también ríen.

Tienda de refugio es una potente imagen bíblica de Dios Amma, que indica protección, acogida, cobijo y capacitación… Ante una realidad tan difícil nosotras proponemos, además de la meditación previamente mencionada, re-conocer, re-descubrir la tienda de refugio llamada comunidad cristiana.

Impresionante como Jesús rompe con el molde patriarcal rígido y de siglos para indicarnos a lxs discípulxs de todos los tiempos que la comunidad cristiana -grupo unido por su modo de amarnos, de liberarnos, de comunicar su Vida- es la auténtica familia, como nos dice en Marcos 3,31-35.

Todo empieza en una experiencia de amor personal que sabemos es real cuando bulle su vida en nuestras entrañas. Esa es la tienda de refugio primera, que permite la gestación diaria de esta Vida que se desarrolla.

Esa Vida tiene como referente la pequeña comunidad, donde teniendo como centro su Palabra hecha carne en cada persona que compone la comunidad, tiene como objetivo ser ese espacio de acogida, cobijo y acompañamiento en una capacitación real para que nos convirtamos en tiendas de apoyo y refugio para otrxs.

Las religiones se descafeinan cuando se mezclan con ideologías, lo que permanece es lo que se configura en la intemperie del desierto en que los cristianos nos encontramos hoy referente a la institución, pero no fuera de la tienda de refugio y refuerzo de la comunidad.

Son esas comunidades el presente y el futuro que hacen posible que permanezcamos a la escucha-Shemá-de la Palabra. A la escucha del silencio-meditación- y de la palabra de las hermanas que hemos discernido, en la tienda, que esto sí nos da vida, que este compartir y celebrar nos capacita para seguir despiertas y despertando.

Miro por la ventana y siento la Primavera. En nuestro hemisferio Pascua siempre ocurre en primavera. La cuaresma es tiempo de desierto y de tienda de refugio.

Aquí, en casa, en comunidad, llevamos años construyendo tiendas. Si te interesa el tema, ponte en contacto. Merece la pena.

Porque para lxs que nos reunimos en la tienda, en su nombre, El permanece en nuestro centro y nos centra. Sé que es verdad. Así ocurre.

Magda Bennásar Oliver, SFCC

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