MUJERES PROFÉTICAS

Cuando el sábado, en nuestro encuentro regional de comunidad, las escuchaba, sus vidas me resultaban preciosas. Dos mujeres, que, siguiendo la voz de la Ruah a través de la comunidad, disciernen su llamada, y entre dolor y gozo, asumen la excomunión de la iglesia a la que sirvieron muchos años, para ser fieles a ese viento, a ese dinamismo, a esa fuerza imparable que el espíritu de Jesús Resucitado nos pone en el regazo para que vivamos y ayudemos a vivir.

Aquí tenéis el breve testimonio de una de ellas, que cuando la invitamos a escribirlo para nuestro blog, se sintió halagada y agradecida. Es una mujer que rezuma sabiduría y humildad. Nadie diría que tiene la edad que nos dice tener: es viva, perspicaz, humilde, inteligente, acogedora. En las reuniones habla poco, pero su expresión siempre acompaña a la persona que comparte, con suavidad y presencia, como si te diera la mano para que no tengas miedo de dar el salto a la sinceridad contigo misma. Cuando se despidió en la nota personal a nosotras, nos dice, «mi llamada fue totalmente inesperada, tened los oídos atentos, porque la Ruah está muy despierta y saca de la somnolencia». No publicamos sus nombres para que absolutamente nadie pueda ofenderlas con alguna patriarcada insoportable. Son demasiado valiosas para que un ignorante de libro pueda herirlas. Cualquier comentario que deseéis le traslademos, lo haremos encantadas.

Aquí tenéis un testimonio que habla de presente y futuro:

Siguiendo la Llamada: una visión retrospectiva

Fue un día emocionante: nuestro pequeño grupo comunitario de mujeres llamado Mujeres  “the Willing Disturbance”, nos ofrecimos como voluntarias para ayudar en un centro de retiros, donde tuvo lugar un encuentro de las Mujeres Ordenadas de la Conferencia de California.

Escuché una charla impartida por una mujer de la Universidad de Boston en la que habló sobre el papel de las mujeres en la Iglesia primitiva. Mis ojos y mi corazón se abrieron a nuevas posibilidades. Entonces experimenté a una mujer-sacerdote celebrar la Liturgia. La alegría y la paz que emanaba de estas mujeres me conmovieron profundamente. Supe que quería ser una de ellas Sin embargo, sentí que la llamada al sacerdocio tenía que venir de otros, no solo de mi propio deseo. Más tarde esa noche, escuché la llamada de las Mujeres “the Willing Disturbance”. Me pidieron que fuera su sacerdote lo cual me conmovió profundamente.

Comencé el proceso de solicitud y el curso de estudio requerido para ser ordenada.

Tenía, entonces, 62 años. Durante el proceso de estudio, experimenté un profundo dolor, como un duelo, al dejar la Iglesia que me había apoyado y nutrido durante años. Una vez que pude procesar y expresar el dolor pude seguir adelante con alegría y profunda humildad. Las mujeres de  “Willing Disturbance” se convirtieron en el semillero de la Iglesia Católica de las Bienaventuranzas. Cuando alcancé mi 75

cumpleaños, me retiré como líder-párroco pero continué acompañando a las personas de la comunidad y celebrando la Eucaristía, Bautismo, Matrimonio y Unción de los Enfermos.

Ahora, a mis 81años, sigo co-presidiendo con la líder-párroco actual, visito a los enfermos y acompaño en cualquier forma que mi energía y el Espíritu me impulsan.

También dirijo Grupos de Oración Centrante semanalmente. Mi comprensión actual del

sacerdocio es hacerme presente a los demás en sus necesidades y  acompañar sacramentalmente a las personas en sus momentos vitales importantes.

4 comentarios sobre “MUJERES PROFÉTICAS

  1. Reconfortante testimonio el de esta mujer. Es muy difícil ser una persona religiosa sin pertenecer a una religión, pero -a veces- hay que pagar ese precio para seguir la voz que surge desde lo profundo.

  2. Este comentario es de María Jesús Garrido. No puede hacerlo a través de su correo electrónico y nos lo ha enviado a nosotras. Corresponde a la entrada Mujeres Proféticas. Por cierto, ¿hay alguien que haya tenido problemas para publicar su comentario y lo haya solucionado? Por si le podemos echar una mano.

    «Estar consciente de ser amada líbremente, te hace sentir como cuando abres una ventana y se llena tu casa de luz, de pronto, ves lo que hay dentro de ella.
    Con esa luz ves que hay alegría, paz, valor. Valor para expresar con actos y palabras que la oscuridad ha desaparecido y con ella el miedo, el pecado, la sensación de infierno que ahogen tu forma de expresar al amor».

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