Eso que intuyes ¡acógelo!

Se acercan días de ir entrando en un lenguaje simbólico, metafórico, poético incluso, en nuestras celebraciones cristianas.

Cuando nos acercamos a Adviento y al Tiempo de Navidad todo cambia en la naturaleza, en la liturgia, en nuestras casas… Es como entrar en la posibilidad de recuperar, recrear lo creado y, tal vez, poco cuidado, incluida nuestra experiencia interior.

¡Qué fácil nos resulta seguir con nuestra vida aunque nos hayamos desenganchado por dentro de aquello que constituye nuestra Roca y Fortaleza. Cuando algo se desengancha se origina un vacío. Por ejemplo, un puente se desengancha de un lado y se crea ese hueco y esa distancia que se agranda en la medida que nos quedamos en una de las orillas.

Veo y siento a mucha gente así. Desenganchada hasta los topes de todo lo que huela a religión, para intentar reengancharse con experiencias de meditación en su pluriformidad.

¿No intuyes que puede haber más? Que nuestro «enganche» no es sólo con el silencio sino también con la palabra? Reenganchar con la palabra, con la promesa, la alianza y sobre todo con la palabra creadora, que ha formado todo, porque así es la Palabra del Abba, que emana del caos caótico de una vida sin amor, y va creando un hogar para nosotrxs, interior y exterior, a ese le llamamos Casa.

Con el silencio, extremadamente necesario, se crea un contexto, un espacio, una actitud de acogida, respeto, escucha… Con la palabra, por su parte, se puede crear paz o tensión, se crea algo nuevo o se puede destruir, a personas e instituciones. La palabra siempre crea una actitud, moldea un ambiente, construye o deconstruye una relación.

Es verdad que tenemos dos orejas y una lengua. Por supuesto que la escucha es la base de toda palabra constructiva. Largos tiempos de silencio nos renuevan y re-generan por dentro, nuestro cerebro descansa, nuestros oídos recuperan audición perdida con ruidos y exceso de información que al final bloquea y agota los sentidos.

Adviento es algo así, un espacio interior, en que todo se queda en un gran silencio para observar, sentir, intuir por dentro que algo nuevo se está gestando, que la Vida no tiene límite de oferta, que la Vida está en tí y en mí, y en la institución incluso, si la acogemos.

Y viene como una intuición. Como una necesidad de que tiene que ser así. Y leemos los textos de siempre desde ese silencio prolongado del invierno, donde las hojas ya se cayeron y la desnudez exterior nos recuerda que en esta época la vida, la energía…está muy dentro, muy adentrada en la tierra y en los océanos; está regenerándose en sus húmedas raíces y enormes peregrinaciones de pájaros huyendo del frío y buscando tierras más cálidas. ¿Qué tierras buscamos, buscas, para que el hielo y la oscuridad no pueda contigo? ¿Sabes donde encontrar acogida en tu peregrinación huyendo del gélido frío causado por el desenganche y por no saber donde reenganchar?

Así la Palabra, esa que intuímos es para nosotras, busca la calidez femenina del corazón abierto de mujeres que gestan la Vida y nos dan las claves de por donde anda Dios. Ese Dios que tantos han buscado y que a fuerza de no hallarle por donde le buscaban, dejaron de buscarle y empezaron, para rellenar el hueco de su desenganche, a escribir tochos de explicaciones que al final ha sido una palabra que nos ha dividido.

Y aparecen ellas, en las primeras páginas del evangelio, y nos hablan de sus sueños e intuiciones y resulta que por ahí viene el Mesías. Y resulta que están embarazadas y nos indican que las intuiciones gestan el amor y que no hay vuelta atrás. Esa vida empieza a gestarse en tu silencio habitado de Palabra.

Ultimamente desde nuestro blog (espiritualidadintegradoracristiana.es) a partir de una intuición, iniciamos un ciclo de audios de unos minutos, en torno a la palabra del día, y me impresiona la cantidad de personas que lo han escuchado, en los cinco continentes.

Y Adviento nos invita a seguir, a escuchar, a dejar que la palabra resuene dentro. Por ello, porque priorizamos esta Vida nos iremos al desierto de una casa de retiros en Vizcaya, en un lugar de ensueño, para reenganchar con la otra orilla, para hacer puenting e intentar alcanzar esa unión interior sin vacío, en la sencillez del silencio, la acogida, la comunidad, la Palabra acompañada.

Mayoría mujeres, claro, eso de la intuición nos engancha. También varones, menos, como corresponde a la realidad de los inicios, hombres tipo José, que acogen a Dios en sueños, y no necesitan estar tan enganchados a las redes…porque juntos hacemos otra travesía.

Otrxs lo harán online porque eso de engancharnos con lxs de más lejos, nos encanta y enriquece un montón. También tú tienes sitio, estés en la orilla que estés. Y quedas invitada.

Feliz Adviento!!! No dejes que pase de largo, acoge la intuición.

Magda Bennásar Oliver, sfcc

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