Pero Él nos dice

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Una vez celebrado Pentecostés y la Trinidad, el ciclo litúrgico vuelve al tiempo ordinario para seguir orientando a la comunidad cristiana.

Nos situamos en ese principio de la predicación de Jesús, en el que proclama el reino, no desde el desierto, como su predecesor Juan Bautista, sino en medio de la sociedad.

Volvemos una y otra vez a la actividad y a las palabras de Jesús porque son las que nos dan el criterio a seguir, tanto como individuos y por supuesto como comunidad de discípulxs suyos.

Jesús corrige la Ley y su interpretación. Es un gran atrevimiento el cuestionar la Ley establecida por Dios como alianza con su pueblo. No pretende radicalizar la Ley de Moisés, sino sacar las consecuencias que derivan de un principio mucho más exigente: el bien de la persona y la sociedad de amor mutuo.

La buena relación con los demás, empezando por los más próximxs, tiene precedencia con respecto a la relación con Dios. Cuando no se ataja la discordia las consecuencias pueden ser extremas.

Frenar la escalada de violencia por todos los medios, trabajando por la paz… ¿Y cómo hacemos realidad eso hoy? Porque desde el conflicto con los más cercanos, pasando por las diferentes facciones e ideologías de nuestros países, apoyadas por los partidos políticos, hasta la realidad de conflictos armados a nivel global nos preguntamos: ¿cómo podemos trabajar por la paz?

En Mt 11:12 Jesús nos dice: “El reino de los cielos sufre violencia y los violentos lo arrebatan”. Otra traducción más clara dice: “Desde que apareció Juan hasta ahora, se usa la violencia contra el reinado de Dios y gente violenta quiere quitarlo de en medio”. Mientras el reinado de Dios era solo promesa, todos estaban a favor; pero en cuanto llega la realidad y exige la enmienda, es decir, el cese de la injusticia, los círculos de poder se ponen en contra y usan la violencia contra él.

Nos podemos enfadar y protestar y salir a la calle…lo tenemos que hacer; pero eso no es trabajar por la paz…o no basta.

¿Qué es trabajar por la paz?

Pues precisamente luchar por instaurar esa justicia que proclama el reino, empezando por mi propia persona. No puedo luchar en serio por algo que no es una realidad, o al menos un intento de vivir según ese programa, empezando por mí mismx.

Los versículos del capítulo 5 del evangelio de Lucas 38-42: “Os han enseñado que se mandó: “Ojo por ojo, diente por diente” (Ex 21,4). Pues yo os digo: No hagáis frente al que os agravia.  Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, déjale también la capa; a quien te fuerza a caminar una milla, acompáñalo dos; al que te pide, dale; y al que quiere que le prestes, no le vuelvas la espalda.”, no se han interpretado bien y parece como si nos tuviéramos que dejar abusar por quien puede más que nosotros, con tal de no crear conflicto.

Cuando uno mira la vida de Jesús en su conjunto no es así. Jesús no rehuyó la confrontación si era necesario, sobre todo cuando se estaba ejerciendo un poder aplastante a los pobres. Jesús no se calló cuando era necesario contestar a los fariseos o a los maestros de la Ley para que no manipularan la Palabra de Dios en beneficio propio.

Quizá lo que recogieron los seguidores de Jesús de su predicación sobre el reino fue el renunciar incluso al derecho propio en favor del amor al prójimo (Lv 19, 18) “No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo.”

¿Tengo entonces que dejar que los demás se aprovechen de mí, e incluso ofrecer más de lo que me piden para ser un verdadero discípulo?

“Os han enseñado que se mandó: “Amarás a tu prójimo… y odiarás a tu enemigo. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para ser hijos de vuestro Padre del cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia sobre justos e injustos”. (Lc 5 43-45)

Como Dios Creador no discrimina, tampoco nosotros tenemos que hacerlo. No podemos basar nuestro actuar en lo que marca la sociedad. Nadie dijo que sería fácil. Este es el reto, esta la llamada. Lo que pasa es que no estamos solos a la hora de vivirlo.

Carmen Notario, SFCC


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Un comentario en “Pero Él nos dice

  1. como bien dices, son cuestiones que interpelan la vida, que nos debe llevar más allá de vivir una fe a medias o lejana e indiferente a la realidad, Jesús nos invita al más y esto sólo será posible desde el encuentro personal conmigo misma para discernir la realidad, pasarla por el corazón y comprometerme, sólo así se puede abonar a la transformación de sociedades y relaciones injustas

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