¿QUÉ ES VOCACIÓN?

Foto nuestra

Carril para discípulas/os II

Esa llamada a Samuel, en su noche, le sacó del catre en el que dormía plácidamente. Eso sí, estaba en el templo, en su templo, donde aún durmiendo estaba a la escucha.

Y el sueño, la noche, la inseguridad es lo que define Adviento, el de los orígenes. Iniciamos la segunda semana ¡como corren los días! y la gente usa mucho la palabra esperanza, y yo me pregunto ¿qué querrán decir? porque las situaciones sociales no dependen de nosotras y no tienen pinta de cambiar, y poco, posiblemente, las situaciones familiares…o laborales… la dura realidad del planeta…?

Quiero aterrizar, no ser utópica porque el presente se me haga duro, sino ser muy realista, desde la fe. ¿Qué esperamos?

Y la Palabra de Dios, el pueblo de Dios, que recoge su historia de relación con el Abba desde los orígenes, nos responde con una palabra: esperamos su llamada porque si me llama es porque ha venido, es porque está.

Podríamos recorrer la Historia de Salvación desde Abrahán que fue llamado a salir de su tierra hasta hoy, que soy llamada a salir de mi tierra o modo rutinario de creer y pensar, de mi catre donde me acomodo y duermo, porque la noche no es mi medio; lo es el día, la luz, la voz.

Estamos en el carril de discípulas por el que han caminado miles de hermanas y hermanos siguiendo esa ruta medio cubierta de hojarasca y humedad, pero sendero seguro, al fin y al cabo, para convivir con la luz y la verdad.

Y la verdad que se hace luz es que a nosotras hoy se nos llama a despertar del sueño negativo o dopante, ante una realidad abrumadora para discernir la voz y “salir del catre” para retomar el carril de discípula.

Adviento nos sitúa en ese carril que nos orienta, acompañados por las huellas de siglos, de personas que anduvieron por el mismo carril, nuestr@s herman@s en la fe; nuestro carril nos orienta hacia la luz que va viniendo.

Eso es lo que va viniendo, porque el Señor ya está, pero no le vemos, nos abruma la no fe social y nos sentimos huérfanos en un mundo que ha hecho de la luz artificial, de la inteligencia artificial y de las relaciones artificiales su modo de ser y estar.

La luz va viniendo progresivamente para descubrir a qué se nos llama, a qué se nos convoca, y sobre todo , la luz va viniendo para que sepamos y experimentemos que la luz está dentro, que nunca se fue. Esta luz está gestando  la vida en la gente sencilla del pueblo, como en los orígenes del cristianismo, que nos proporcionaron su manera de entender a Jesús, el esperado. Así en los sencillos se descubre la luz, en cosas tan sencillas como la solidaridad espontánea, sin calcular tanto; en su modo de respetar la tierra y sus ciclos, que como dicen algunos sabios y sabias de hoy, por ahí va la curación del planeta.

La bisagra que fueron Isabel y María entre el Antiguo y el Nuevo Testamento lo somos nosotras hoy, entre un paradigma y otro, ese que con tanto mimo estamos gestando.

De nuestro “hágase”, respuesta a la vocación, depende esa gestación que da forma a la cálida luz en medio del frío y oscuro invierno. La gente tiene hambre de espiritualidad y nuestro hermano Isaías nos habla de banquetes y vinos de solera. Nuestra gente busca en lo artificial lo auténtico y hay que reconducir al carril, semioscuro, pero lleno de vida de las discípulas que ahí nos encontramos en tantos momentos del año.

Muchas buscamos descubrir esa segunda vocación en la vida, desde la madurez y la experiencia…Adviento es tiempo de maestras y maestros de la escucha.

Ven al carril, que no al redil, para descubrir la sabiduría en las hermanas y hermanos que caminamos.

Y cuando nos encontramos disfrutamos del banquete de la amistad, de la Palabra sembrada en nuestro silencio, del vino del gozo por las gestaciones; de los retos que se nos plantean desde la realidad del planeta…

¡Qué esperanza tan grande cuando nos vamos encontrando!

Magda Bennásar Oliver, SFCC


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