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“En aquel tiempo los pastores fueron corriendo y encontraron a María y a José y al niño acostado en el pesebre.” Lc 2, 16
Con el cuerpo muy adolorido después del parto, María meditaba todo lo que se le había comunicado y lo guardaba dentro para saborearlo profundamente en su corazón. Su gozo era inmenso en medio de un hecho tan cotidiano como dar a luz, aunque las circunstancias fueran más que difíciles. En su corazón guardaba ese misterio que iría descubriendo a lo largo de su vida.
Ella abrió las puertas de su casa para acoger a la Palabra. Ya la había acogido cuando recibió el anuncio del ángel y la fue acogiendo siempre, aunque no la entendiera, como verdadera discípula, incluso cuando le producía un dolor casi insoportable.
Acoger la Palabra y vivir su mensaje liberador no es tarea fácil para nadie. Hay mucha gente que la acoge con alegría al principio, pero luego la va abandonando no de una manera drástica sino con una cierta indiferencia, mediocridad, que hace que la luz que un día entró en su vida se vaya apagando hasta dejarla apagar del todo.
Por eso hoy, primer día del año celebramos la presencia de María en medio de nosotrxs como compañera de camino, como madre de quien nos muestra el camino de irnos haciendo hijos e hijas de Dios.
Irme haciendo hija es ir tomando responsabilidad de mi propia vida, sin culpar a las circunstancias ni a los demás de mi destino. Es saberme rodeada de un amor sin límites, mirada, protegida, respetada, sostenida. Pero sobre todo es saber cuál es mi ADN, dónde están mis raíces y a qué familia pertenezco.
Muchas de vosotras, la mayoría, sois madres pero no olvidéis que también sois hijas. A los hijos solo nos nace bendecirles -“decir bien”- de ellos y ellas ; sólo buscamos su bienestar, su máxima realización. Y cuando “bien decimos” de ellos vemos cómo la palabra crea, hace posible, transforma la realidad, cambia la mirada…y por eso no nos cansamos de recordarles de qué son capaces y a qué están llamadas.
Pero no os olvidéis de que esa misma bendición es también para vosotras-os, madres, padres. Que la primera responsabilidad es con vosotros mismos, y que ese ser hija-o no puede quedar postergado por las múltiples tareas que a veces nos pueden servir de excusa para no trabajar nuestro nivel personal.
Estrenamos un nuevo año. Más que hacer propósitos dejémonos guiar por esa luz que cada día se nos ofrece si nos abrimos a ella, con sencillez, con deseo de dejarnos trasformar para convertirnos en lo que ya somos.
Carmen Notario, SFCC
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