ECHA A ANDAR

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Empezamos en las últimas semanas de Cuaresma a escuchar las lecturas del evangelio de Juan. El designio de Dios a través de la creación es comunicar a la persona el principio de vida que supera la muerte (el Espíritu). Este paso exige una opción libre.

Como en tantos otros pasajes del Nuevo Testamento hay una fuerte simbología por lo que este pasaje del inválido que camina va mucho más allá de una curación individual: se trata de la fuerza que Jesús infunde y la libertad que le proporciona a la persona haciéndole dueño de sus propias decisiones.

La muchedumbre representa al pueblo, abandonado por los dirigentes.

Los pórticos relacionan a este lugar con el templo en cuyos pórticos se enseñaba la Ley. La ley, convertida en instrumento de dominio, reprime y atrofia el dinamismo de la persona.

La muchedumbre está ciega por obra de la tiniebla, la falsa ideología que le impide su desarrollo y plenitud humana; tullida, privada de actividad, reducida a la impotencia; reseca, sin vida; es un pueblo muerto.

El paralítico llevaba allí treinta y ocho años(prácticamente toda una vida en ese tiempo). Este número representa la tragedia del Éxodo, que de promesa de libertad se transformó en un gran fracaso, ya que ninguno de los que escaparon de la esclavitud de Egipto alcanzó la tierra de la libertad, sino que murieron en el desierto. Más allá de una enfermedad particular esta persona representa la trágica situación del pueblo sin esperanza.

“¿Quieres ponerte sano?” Le pregunta Jesús. Es una pregunta que entra en lo profundo del corazón, que penetra en la entraña, que desenmascara la pereza, el conformismo, la mediocridad.

Hay todo un proceso desde que Jesús se dirige personalmente a él, hasta que a través de la palabra dicha con autoridad se hace realidad el volver a ser una persona erguida, capaz de cargar con su camilla y echar a andar.

La excusa de lo inmediato: “Señor, no tengo hombre que, cuando se agita el agua, me meta en la piscina…” no le deja ver que no necesita todo eso para salir de su postración.

Curarse implica reaccionar contra la apatía, contra el miedo, contra todo lo que pone freno a mi vida; sabiendo que no es de una vez para siempre, sino que mi vida es de alguna manera un éxodo. Quedar curado no significa verme libre de las dificultades sino reaccionar y comportarme ante ellas de otra manera.

Este pasaje nos expone la manera en que Jesús va liberando al pueblo. Su propósito es darle la posibilidad de abandonar la institución que lo oprime y le quita la vida. Comunica una nueva vitalidad que permite a la persona levantarse de su postración y buscar su propio camino.

Pero el camino está ahí, delante de nosotros. Es una libertad no solo “de” sino “para”. El compromiso del discipulado al que nos invita Jesús es mucho más fuerte que el de cumplir unas cuantas normas.

Él lo hace delante de nosotros y nos invita a hacer lo mismo. ¿A dónde me lleva esa libertad total que se me regala?

Carmen Notario, SFCC


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