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El Tiempo de Pascua es súper especial para ponderar, para contemplar incluso visualizar todo lo concerniente a la vida y a la Vida que al final es una. Esa vida se llama amor. Y precisamente por ello, cuando tenemos experiencias positivas de amor, aunque no sea perfecto, y también heridas por desamor o indiferencia, nuestra conducta difiere.
La Pasión es la historia de la pasión de Jesús y también la nuestra. Dentro de lo que se puede leer entre líneas, Jesús está condicionado por una infancia normal en el seno de una familia coherente con sus principios y su religión. Podríamos decir que viene de una trayectoria de fidelidad a las personas entre ellas y a Dios.
Cuando en su Bautismo experimenta una llamada a comenzar una misión en continuidad con la de Juan Bautista, de quien ha sido discípulo, Jesús se retira a prepararse, a discernir las diferentes direcciones que su vida puede tomar, pudiendo ser en todas ellas fiel, en cuanto a que todas podrían indicar una respuesta a las necesidades del pueblo.
En su discernimiento se decanta de una posible liberación política de su pueblo oprimido, incluso se decanta de Juan, porque la experiencia que Jesús tiene de Dios, enmarcada en el contexto familiar y personal, no es la del Dios que predica Juan, sino que él va teniendo su propia experiencia. El drama de su vida y muerte viene marcado por esa decisión.
Y, serán esas pequeñas chispas de decisiones tomadas en su silencio, las que irán provocando pequeños incendios en las vidas de la gente y el gran incendio de Pentecostés que es consecuencia de esas luces que la gente tiene en su corazón cuando Jesús habla de un Dios Amor, enfrentándose así al gran y poderoso Dios del Templo y de la Ley.
Esas pequeñas chispas se producen en nuestra interioridad. Tanto las que nos conducen a la fidelidad como las que nos desvían hacia otro lado.
¿Sabría decirme a mí misma, a qué trato de ser fiel? ¿Qué me mueve a actuar? las decisiones que tomo ¿Cómo se van gestando en mí?
Esta Pascua recién vivida ha habido una figura de la que es difícil hablar, cuya actitud me vuelve después de la celebración litúrgica de la Resurrección. Ya sabemos que un proceso es el tiempo litúrgico y otro el tiempo personal. Podemos estar celebrando algo litúrgicamente pero en nuestra experiencia vital estar en otro momento.
Pienso mucho en Judas por lo que representa de persona que no fue fiel al maestro sino a su ideología mezclada con intereses personales. Judas no hizo un discernimiento oracional sino que se dejó convencer por las autoridades judías y fue contratado por quien le iba a dar la razón. Judas tenía razones para una revolución, pero razón para entregar a Jesús…le utilizaron para quitar de en medio a un agitador, según las autoridades. Ese “agitador” hablaba de un Dios que no necesita sacrificios ni ofrendas, de lo que vivían y gozaban los sacerdotes cuyo oficio era ser mediadores entre Dios y el pueblo.
Judas al darse cuenta, en lugar de dialogar con el maestro, le entrega con el beso más amargo de la historia. Un gesto de amistad y cercanía se convierte en el medio para una próxima ejecución.
Es durísimo, pero no lo veo tan lejos de muchas de mis infidelidades, pequeñas tal vez, pero reales buscando mi comodidad o tener razón…dejando de dialogar con el Dios de Jesús.
En nuestra Pascua hemos orado mucho sobre la fidelidad y hemos sido testigos de las diferentes maneras de concretarla. De fondo se va quedando una enseñanza viva, la fidelidad es un proceso lento de acoger las pequeñas chispas de luz e irles dando voz. Primero para una misma, después a la comunidad que te conoce y respeta para evitar autoengaños. Si busco que me den la razón no hago un discernimiento.
Fidelidad es soltar intereses personales de toda índole: materiales, afectivos…y abrirme a esa pequeña chispa del alma y con sencillez compartirla con quienes me conocen y dejar que del resto se encargue la Ruah, no los intereses de nadie, que como en el caso de Judas puede conducirnos a un abismo.
Si Judas hubiese dialogado con Jesús en lugar de hablar de Jesús con otros, tal vez tendríamos otra historia, ya que siempre nuestras decisiones transforman nuestro entorno y tal vez mucho más. Ejemplos hay cientos de dialogar “con” en vez de hablar “de” con: pareja, hijos, comunidades, amistades. Y esta fue la enseñanza de Jesús, la primordial, enseñarnos a dialogar con Dios en directo, y era tan potente y revolucionario que le costó la vida. En mi pobre experiencia compartir esta enseñanza de Jesús siempre divide porque muchas personas no queremos dejarnos cambiar por el Dios de Jesús.
Por eso decimos que la fidelidad es un proceso y causa de frecuente discernimiento.
Durante este Tiempo de Pascua, os invito a atender a las chispas. Por ahí entra la Ruah en nuestra vida.
Feliz Tiempo Pascual
Magda Bennásar Oliver, sfcc
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