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Me siento invitada, incluso convocada a compartir tres experiencias recientes de “Sí a la Paz”. La primera de mi país y su “No a la guerra”; la segunda de mi ministerio y compromiso con la paz desde la espiritualidad y la formación; la tercera es una enseñanza profética que nos regala LCWR: Leadership Conference of Women Religious, en su lucha no violenta por poner paz en una prolongada situación de persecución interna.
Mediante un nuevo decreto de ley, España está regularizando a cientos de miles de inmigrantes indocumentados…
El gobierno rechaza la propuesta de la OTAN de subir al 5% el gasto militar en detrimento de otras obras sociales básicas que se verían mermadas.
El grito del “no a la guerra” ha sonado repetidamente en nuestras calles donde miles de personas se han manifiestado en todas las ciudades.
Son noticias realidades de un país que por ello se ve ridiculizado, estigmatizado y humillado por el Goliat actual.
Nuestro gobierno es de izquierdas y aconfesional. La derecha que apoya la guerra, el aumento en gasto militar y rechaza la regularización de inmigrantes indocumentados tiene en sus filas muchas personas que se consideran creyentes y practicantes. Viene ya de lejos cuando un dictador apoyaba a la iglesia con una mano y con la otra el fascismo.
Hay muchos colectivos creyentes y de izquierdas que trabajan intensamente por la justicia y la acogida. Estos colectivos han influido enormemente en cómo se define el gobierno por valores de acuerdo con la doctrina social de la Iglesia.
En esos colectivos muchos son hombres y mujeres del Concilio Vaticano II, laicos y consagrados que hacen suyas las bienaventuranzas y denuncian hipocresías como: decir no al aborto y a la vez apoyar la guerra ilegal, con sus crímenes de guerra al infringir el derecho internacional o demonizar la regularización de inmigrantes por miedo al efecto llamada.
Como ejemplo de cómo personas cristianas trabajamos proporcionando espiritualidad y evangelio a la sociedad con un enfoque directo a ser personas hacedoras de paz, les cuento que en un retiro presencial de invierno que ofrecimos desde nuestro ministerio, de un grupo de 20 personas había:
-un matrimonio cofundador de un partido político que pone en hechos muy concretos la justicia y el amor hasta el punto meter meses en su casa, con su familia, a personas refugiadas sin hogar.
-un hombre laico consagrado, perteneciente a un movimiento post conciliar, que acoge en su casa permanentemente a chicos magrebíes a quienes cuida con su propio dinero y con alguna ayuda de vecinas y amigos. Al ser maestro de profesión les alfabetiza y prepara para su integración social.
-una mujer víctima de ETA (grupo terrorista del País Vasco) cuyo marido fue asesinado hace 25 años. Ella dio la charla introductoria del retiro. Nos contó cómo se dedica a hablar de la no-violencia y el perdón en colegios y universidades y en cualquier grupo que la invite a compartir su experiencia.
-un delegado diocesano del movimiento Justicia y Paz y Ecología. Junto con el obispo y otras laicas comprometidas, están dando un enorme testimonio de solidaridad en la diócesis de Mallorca.
-varias personas muy comprometidas con acciones políticas y educativas por la paz.
-dos religiosas que han vivido años en la calle con los desechados por la sociedad, durmiendo en cartones como ellos, acompañando sus noches; una de ellas en Barcelona, la otra en Nueva York.
-una profesora de una facultad de medicina de Madrid que desde la academia traslada la importancia del cuidado y la no violencia en aquellos y aquellas que cuidarán de nuestras vidas, no solo de nuestros cuerpos.
-varios médicos que intentan, desde su profesión, una sanación integral de la persona haciendo de su profesión su ministerio.
Podría seguir, pero lo importante es visualizar algo de lo que ocurre en las vidas de cristianos hoy, y que no sale en los periódicos: somos muchas y muchos los que trabajamos por la paz desde la no-violencia y el diálogo.
Son días intensos en los que busco luz en la oración y para ello vuelvo una y otra vez al silencio del desierto donde Jesús me ayuda a discernir los atractivos de las soluciones rápidas, el peligro de los mesianismos falsos que engordan el ego, pero no conducen a la misión a la que Jesús nos envía: ser constructoras de paz.
Buscando inspiración, unas compañeras de mi comunidad SFCC, me hablaron del libro “However Long the Night. Making Meaning in a Time of Crisis” publicado por LCWR.
Muchas conocen la historia de los seis años de investigación que Roma realizó a la mayoría de congregaciones femeninas de Estados Unidos.
El libro no tiene desperdicio ya que confronta a la religiosa a nivel personal y a la congregación como comunidad, con los sentimientos más fuertes y las emociones más intensas que la persona pueda experimentar ante otro Goliat que, mal informado y desde arriba, ponía en tela de juicio la entrega y la autenticidad del ministerio de decenas de miles de religiosas en Estados Unidos.
El proceso de las hermanas para llegar a la verdad en diálogo con las personas enviadas con todo el poder eclesiástico-jerárquico a investigar y cuestionar sus ministerios y posicionamientos éticos, es absolutamente admirable.
La capacidad de silencio, de escucha, de respeto, de aguante de las hermanas me conmueve e invita a aprender de ellas.
¿Cuál es la herramienta que las hermanas usaron para integrar y procesar la hecatombe que se les vino encima? Usaron el “diálogo contemplativo” (método sobre el cual daremos un taller próximamente) para fomentar en sus corazones y mentes respuestas no violentas y amistosas.
Estas mujeres, a las que admiro profundamente, se ayudaron a no caer en el derrotismo o en la ira más que justificada ante las acusaciones, buscando una herramienta que fuera capaz de proporcionarles la serenidad y la lucidez imprescindibles para responder a las acusaciones de las que fueron víctimas.
Antes de llegar al diálogo contemplativo la persona necesita llegar al silencio personal; por ello las hermanas nos cuentan sus largos procesos de silenciamiento y escucha atenta.
Nosotras, mujeres que acompañamos a personas cuyos países están en guerra, a personas deportadas o con miedo a la deportación, a personas refugiadas y por ello muy confusas y asustadas, a personas que llegan en pateras a nuestras costas, medio muertas, en busca de protección y futuro, a víctimas de la trata… necesitamos tener herramientas para cuidarnos y para llegar a ese silencio que nos permite distinguir diferentes voces.
Con los tres ejemplos presentados: uno a nivel de nación, otro de un grupo cristiano mayormente laico de gente comprometida con su fe, y otro de persecución en la vida religiosa, quisiera fundamentar la importancia de que seamos personas de silencio y de diálogo contemplativo.
Podemos estar en primera línea en la defensa de la justicia social, pero como las hermanas de LCWR nos comparten, al final, en el desierto y en la noche lo que cuenta es la capacidad de silencio y presencia dialogante, y esto necesita cultivarse.
Termino con algunas frases del libro de LCWR:
-es importante tener disposición para una escucha profunda a las voces externas e interiores.
-estar atentas a movimientos interiores requiere percibir lo que ocurre en el momento.
-incluye estar presentes a nuestra propia historia y experiencia, a todo lo que nos ha formado en lo que somos hoy.
Para decir sí a la paz con todo nuestro ser trabajemos la no violencia a nivel personal, a nivel ciudadano-político y a nivel comunitario-congregacional.
Es un reto y un privilegio vivir en este momento histórico, invito a que seamos mujeres y hombres de paz: “Dichosas las que trabajan por la paz, porque a ellas las va a llamar Dios sus hijas” (Mateo 5,9)
Magda Bennásar Oliver, sfcc
*Es un texto largo. Te invito a que, después de una primera lectura, si te ayuda, vayas reflexionando por partes. Como siempre agradecemos cualquier comentario que pueda enriquecernos. Gracias por estar ahí.
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