¿PARA QUÉ SIRVE NAVIDAD, LA CRISTIANA?

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Hoy es Nochebuena, y en mi tiempo largo de silencio esta madrugada se me comunicaba al corazón y a la mente atenta y abierta a la Ruah la importancia de recordarnos el por qué de estas celebraciones. El por qué y el para qué profundo. Reconozco que la primera enriquecida y animada he sido yo, ya que lo que era un tiempo de silencio abierto y orante ha pasado a ser un espacio de luz y cariño, sencillo, pero único.

Ni voy a mencionar todo lo que no es, pero sí con claridad lo que es, y por qué la comunidad cristiana nos lo recuerda todos los años.

Navidad sirve para recordarnos quienes somos, de fondo, y cual es nuestra familia, nuestra herencia, nuestras costumbres, nuestros valores. Y sobre todo, para decirnos alto y claro “quien es quien”en el escenario evangélico: mujeres, muchas mujeres, algunos hombres buenísimos, otros no, y pastores al raso, un raso lleno de estrellas y animales y olor a vida, y un “mocoso”.

Naturaleza en su estado puro, todo el cosmos acoge la Vida que se asoma en lugares que no buscaríamos, en comunidades humanas poco religiosas, en personas de lo más controvertido.

Personas que hablan de un amor y una justicia que invitan a doblar rodillas para entrar, mirar estrellas para descubrir caminos, evitar ciudades donde los ricos insaciables oprimen mucho, para descubrir la inmensa riqueza de la vida de verdad, la que llena los corazones y transforma las mentes.

La celebración de la Navidad no es para recordar a Jesús, es para revivir quien eres tú, tu linaje y por ello tus “modos y modales” de actuar en tu tiempo limitado de historia, que se te regala para que la impregnes de evangelio.

Y, vivir así hace posible devolver esperanza, a raudales, a corazones bastante colesterolizados por “comida basura”. Y devolver esperanza es regalar alegría.

La alegría de fondo no es fruto de que todo vaya bien, de una superficial ausencia de problemas. La alegría de fondo es fruto de un regalo inmenso de Dios a nuestra fidelidad con tropiezos. La alegría de fondo es fruto del amor, de la gratuidad de todo un cosmos a través del que nos habla Dios. Es un regalo, como un préstamo para que lo disfrutes y mejores.

¡Cuánta alegría en la naturaleza!

¿Has aprendido ya a escuchar la risa de los ríos y torrentes? ¿y el gorgoteo de las cascaditas? Y cuando paseas por el campo y de pronto la ternera o la oveja sacan su cabeza al camino buscando moras y os miráis, ¡vaya! ¡qué cercana me resulta!

Y, al fondo, esos montes altos y majestuosos resulta que están llenos de cosquillas de miles de habitantes que se deleitan en ellos: comiendo, jugando, engendrando, luchando por una castaña o un gusano en una danza continua.

Devolver esperanza robada por el daño causado a nuestr@s herman@s en miles de lugares del planeta.

Cuando nos creemos los dueños de la creación todo se ennegrece y Gaia, la madre tierra de nuestr@s antepasad@s  indígenas, respetada y cultivada pasa a ser víctima, junto con lo femenino, de explotación.

Pero no, no tiene por qué ser así, estamos l@s cristian@s. A nosotr@s se nos envía a cambiar el curso de las cosas y como nuestro Maestro, iniciamos el ciclo. Modelo a seguir: ¡Navidad!

 

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