Se acerca el final

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Comentario a las lecturas del XXXI Domingo del Tiempo Ordinario

Se acerca el final del año litúrgico y se acerca también el final de Jesús, el final del tiempo que le queda para desenmascarar la mentira, el orgullo, el dominio de los poderosos hacia los más débiles, todo en nombre de Dios.

Se acentúa por momentos la tensión entre Jesús y sus adversarios; ellos no van a cesar en su acoso hasta encontrar la manera de acusarle formalmente. Jesús no dejará de tensar la cuerda porque no puede traicionar el propósito de su vida.

A pesar de que todos buscan la fidelidad al mismo Dios, los caminos escogidos son contradictorios, porque los fariseos ponen el énfasis en el cumplimiento de la ley y sus más de seiscientos preceptos, mientras que Jesús basa su enseñanza en el amor a Dios y al prójimo.

Después de sus choques frontales con los distintos grupos representativos del judaísmo, Jesús se dirige a sus discípulos y a las multitudes para expresar su opinión sobre la fidelidad-infidelidad del pueblo de Israel para con su Dios.

El ataque es frontal, sin tapujos, directo a quienes se hacen con la autoridad, dominan y subyugan. No quiere Jesús de ninguna manera que sus seguidores vayan por ese camino de hipocresía. En ningún momento niega que las autoridades hayan conservado la Alianza que Dios hizo con su pueblo a través de Moisés. Lo que critica no es lo que dicen sino lo que hacen.

Es un ataque frontal al patriarcado, que se erige como autoridad máxima buscando los privilegios y los primeros puestos a costa de los demás. Esta manera de vivir la religión no ha de ser la de la comunidad de Jesús. Nadie tiene derecho a cargar pesos en las espaldas de los demás mientras que “ellos” se saltan las normas a su antojo. Nadie es superior a nadie, y por tanto el vivir de cara afuera aparentando, buscando el reconocimiento y el elogio de los demás es duramente criticado.

Pero Jesús sobre todo remarca el que no nos dejemos obnubilar por el “saber” teórico de alguien dejándole las riendas de nuestra vida. Si todos somos herman@s tenemos la responsabilidad de compartir los “bienes”, sin alzar a nadie por encima de l@s dem@s.

¡Qué fácil es seguir a un gurú y dejarme guiar en lugar de tomar las riendas de mi seguimiento de Jesús y personalizar mi fe! Claro que a tod@s nos ayuda que personas con estudios nos vayan clarificando aspectos de nuestra vida espiritual; lo que no tiene sentido es que el seguirles a “ell@s” sustituya nuestra oración personal y nuestro compromiso en comunidad.

Tanto a los hombres como a las mujeres nos cuesta romper con esa lacra del patriarcado que nos destruye a tod@s. El discipulado de iguales es lo que Jesús intentó inculcar entre los suyos y se destruyó en los primeros años del cristianismo.

Ni padre, ni maestro, ni preceptor ni intermediario. Nada de todo esto sirve en la comunidad cristiana. Hermanos y hermanas aunque nos pueda sonar un poco extraño. Compañer@s de camino, que quiere decir aquellos con quienes comparto el pan, en todas sus diferentes formas.

A Pablo, en la segunda lectura, se le escapa el ramalazo patriarcal (aunque ese versículo no se leerá en la Misa): “Y aunque podríamos haber dejado sentir nuestra autoridad como apóstoles de Cristo”……nos comportamos afablemente con vosotros como una madre que cuida de sus hijos con amor”. 1 Tes 2, 7  (El texto en negrita es lo que oiremos)

Como si el ser testigo de la Resurrección de Jesús, (por cierto Pablo no lo fue), confiriera una autoridad por encima del resto de miembros de la comunidad. Jesús dice o por lo menos así lo recoge la comunidad de Mateo: “El mayor de vosotros será el que sirva a los demás. Porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado”. (Mateo 23: 11)

Creo que a su comentario de un comportamiento cariñoso como el de una madre con sus hijos Jesús le habría dicho: Has hecho lo que te correspondía como miembro de la comunidad cristiana, ni más ni menos. ¡Qué menos se puede esperar de quien sirve la Palabra!

Estar sentado en la cátedra de Moisés, no nos da garantía de nada. Es vivir sencillamente esos valores a los que Jesús nos invita, lo que nos hace ser auténtic@s, gozar de verdad y no perder la esperanza en medio de tanta apariencia y falsedad.

Se acerca el final de este recorrido evangélico que hacemos cada año. No dejemos que nos pase por encima una vez más. Que su mensaje nos sacuda por dentro y nos de la paz y la armonía que necesitamos.

Carmen Notario

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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