RECIBIR…PARA QUÉ, PARA QUIÉN

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Si esta expresión de la Creación es de esta belleza inaudita, ¿qué podría hacer el Espíritu si nos dejamos hacer?

Pentecostés marca el final del tiempo pascual para ayudar a adentrarnos en el día a día con todo lo que cada año se nos recuerda que somos y tenemos.  Popularmente diríamos ¡es una pasada de riqueza!

Hemos recibido, día a día, gota a gota, como un goteo que nos mantiene nutridos, hidratados y conectados a la Vida, la invitación a acoger múltiples dones y carismas. Parece como cuando después de Reyes no sabemos donde colocar tanto regalo.

Espero que no sea así. Hoy le decía a una buena amiga, no te guardes lo que recibes como insinuación del Espíritu…ese deseo de comunicar o compartir algo personalmente, por escrito,en imagen…todo depende de un impulso de vida, de un aliento original, incluso de un error por intentarlo muchas veces. Cuantos grandes inventos han ocurrido así, por equivocación. Pero para equivocarse hay que arriesgarse, atreverse a lo desconocido y ese camino tiene poco tráfico. Los transeúntes tienen pocas seguridades. El camino cristiano es más bien una travesía.

 Acojamos pues la invitación a hacer hueco de lo innecesario para que haya espacio para esos regalos de la Ruah: sabiduría, fuerza, autoridad interior para el Reino.

Yo me voy a detener hoy en recibir la autoridad interior, en griego “exousía” que cuando el Nuevo Testamento lo traduce significa, según varios biblistas: autoridad interior que transmite auténtica libertad. Una fuerza interior que supera las barreras. En Jesús es claro el proceso.

Pero lo veo menos claro en nosotros y nosotras. Me llama mucho la atención que en España nos resulte tan difícil hacer algo nuevo, diferente. Parece que lo que tiene tirón es lo social. Y siento un profundo respeto por ello. Pero,casi inconscientemente podemos abandonar otras áreas que son delicadas porque no se ven a simple vista, por atender lo que se presenta como urgente y además nos hace sentir bien.

Yo me pregunto, todos los dones del Espíritu son para acoger, acompañar…a tantos necesitados y necesitadas o más bien las primeras comunidades lo dejan muy claro, en Hechos 6,2-5: Leamos  despacio cada uno por sí mismo este texto tan clave, escuchando en el corazón el susurro del Espíritu, de la Ruah, que nos invita a reconocer nuestra fuerza interior para comunicar-compartir lo recibido. Queda claro en el texto que unos “servirán las mesas” es decir, atenderán las necesidades materiales de las personas de la comunidad, para que la mayoría se dedique al anuncio, predicación, comunicación del Evangelio, por encima de todo, de la persona de Jesús, de la Vida que corre por nuestras venas y no lo sabemos o no lo reconocemos.

Según el evangelio no sería que voy a hacer lo que me gusta, o por lo que me siento capacitada, sino “realizar las obras de Dios, en su nombre, según la necesidad que el Espíritu me ayuda a descubrir, más allá de lo material…” que al final mirad qué está pasando en la Iglesia en España. Prácticamente la única institución que tiene buena fama es Cáritas. No la evangelización, no la búsqueda conjunta de respuestas nuevas a la realidad de hoy. ¡Una pena!

Hay tantos religiosos, sacerdotes, personas preparadas que se dedican a lo social que una se pregunta ¿al Espíritu le ha dado por ahí o a nosotros? Se valora tan poco lo otro, que casi no sabes ni como llamarlo para que no chirríe. Y no, no hay sueldos, ni ayudas, ni apoyos para “lo otro”. Pienso que a Jesús le pasó algo así, su estilo de vida chirriaba porque era auténtico y por ello diferente, porque la mayoría no quieren retos, y normalmente nos gusta tener las cosas bajo control. Pero irrumpe el Espíritu y los papeles vuelan, es decir, se “pierden los papeles”, las fotocopias, no sirven. Hay que poner la carne en el asador. Esta es la Ruah. Fuerza, ímpetu, energía interior, libertad genuina.

El sábado tuve que salir de la Eucaristía porque el buen hombre no hacía sino reñir y decirnos que “ya sabemos el Evangelio de memoria” sin tener la precaución, la responsabilidad de profundizar el texto, de desvelarnos su tesoro. Eso sí, el buen hombre se dedica a recoger botellas para ayudar a niños de la calle. Genial hermano, y ¿por qué no les dejamos este trabajo a las ong’s y tú haces el tuyo, porque nadie lo va a hacer, y de cada vez hay más aburrimiento en liturgias de bostezo crónico. Y de verdad que es un buen hombre, pero …

A Jesús su fuerza interior le mantuvo libre de las múltiples invitaciones a realizar tareas que le hubieran hecho famoso, importante, eficaz…y fijo que no hubiera terminado en un madero, pero no tendríamos el Evangelio: cambio de raíz de lo que nos embelesa a las personas que somos de iglesia, o dedicadas a la justicia: sentir que lo que hacemos sirve para alguien, por lo menos para algo.

Jesús huye de la eficacia y se mete en jardines poco transitados. Gracias a su fuerza interior tuvo la libertad de dejarnos la mejor herencia jamás concebida: su misma fuerza interior para que siguiéramos, como hijas e hijos, sus pasos liberadores de mil diferentes maneras, según las necesidades, las culturas, las personas…

¿Cómo? Recibiendo, dejando entrar y fluir su vida, siendo fieles a lo que nos dice al corazón. Siendo capaces de ser libres, sin miedo a los resultados.  Tal vez falten ejemplos, concreciones…cada persona madura sabe donde claudica en su fidelidad al Evangelio.

Jesús, la Ruah son fieles a cada una y uno de nosotros. Nos da a manos llenas. El grado de fuerza interior es la medida de nuestra fidelidad. Si me siento sin fuerza es porque me distancio de la fuente, suelto el regalo, silencio el susurro. Pero cuando apenas me asomo, me levantan en volandas de cariño y energía y me muestran el camino. A veces simplemente respetan mi distancia, mi silencio, pero siempre, siempre, están ahí.

Vivamos la energía cristiana de Pentecostés a lo largo del año. No apaguemos su fuego interior por complejos o miedos, hay demasiado en juego.

¿Qué harías, si pudieras, para que las cosas fueran distintas? Cuando siento que me hacen esta pregunta por dentro, automáticamente oigo: “Hazlo”.

Magda Bennásar Oliver

 

 

3 Pensamientos

  1. Muchas gracias, Magda, por tu reflexión.

    Escuchad! Estad alerta! Levántate! No tengas miedo!! El Evangelio nos invita una y otra vez a atrevernos a salir de nosotras mismas para poder saborear la fuerza del Espíritu.

    “Puedo, porque sé que puedo”, dice una famosa frase muy ligada a lo deportivo. Y yo siento en mis entrañas: “Puedo, porque sé que no puedo”. Y ahí siento que cuando guardo la Palabra en mi corazón, cuando me dejo tocar por ella, el celo por anunciarla a los cuatro vientos me lleva en volandas mientras me maravillo y conmuevo por su capacidad para dar Vida a través de mi pobre barro. Y con Pablo digo: “y ay de mí si no predico el Evangelio”

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