Oración del Sábado por la tarde

 

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En esta tarde de sábado en la que palpo la soledad, en la que no veo ni siento tu presencia me dispongo a recibirte abriendo todo mi ser a tu presencia.

método de la oración centrante

Canto de María Victoria Ochoa interpretado por ella.

 

Sábado santo: meditación guiada

Después de un tiempo de oración de centramiento, nos damos cuenta de que no es fácil. Lo importante, como con la fe, es saber que  no podemos controlar lo que el Espíritu está haciendo en nosotros y en el mundo, cuando nos conectamos de un modo consciente y con el corazón abierto.

Ahora, desde este espacio sagrado interior, entramos en el jardín, donde el Cristo, como todo lo que está a punto de brotar en primavera, permanece bajo tierra.

Esa tierra es sagrada. Hoy es tumba, pero no deja de ser un jardín esperando el alba de la Vida. Sabemos que el tiempo en la tumba tiene un final, como el dolor que vivimos estos días, sabemos que terminará. Lo que importa es permanecer.

Para ello, concéntrate, si puedes, en algún pedacito de naturaleza que tengas al alcance de la vista. Puede ser una flor, una maceta, un paisaje si tienes la suerte de tenerlo cerca. Algo vivo que te transmita vida. Y, míralo. No lo analices, respira, y deja que el color, la sencillez, la humilde belleza de lo que miras, entre en ti.

Si pensamos objetivizamos y de un modo casi inconsciente, nos salimos de la gran armonía de colores, olores y  formas que todo lo vivo tiene. Incluso nuestro cuerpo, como parte de esa vida.

Hoy se nos pide que entremos, en silencio, en esa vida que contiene lo que ahora contemplamos. Si la sé sentir y ver con los ojos del corazón, me será menos difícil experimentar, al alba, la Vida que sale de la tumba para quedarse en el jardín, con todos y todo, formando UNO.

Que este silencio en la naturaleza de nuestro corazón nos acompañe a permanecer con María de Nazaret y las discípulas, esperando.

Ya pronto va a amanecer.

 

 

 

Un comentario en “Oración del Sábado por la tarde

  1. Después de la intensidad del Jueves Santo y del Viernes Santo, nos quedamos exahustos, estamos cansados, impotentes ante tanta injusticia; hemos acompañado al Cristo solitario. Ese tremedo sufrimiento en soledad, que dureza ¡¡¡ He llorado, sí, por que no te pude ayudar a llevar la Cruz, ni estar cerca de Tí . Qué dolor ¡¡¡
    Sin embargo, sé que todo esto es necesario para VIVIR , no lo entidiendo con mi mente analítica, no necesito entenderlo; sólo tengo esa CERTEZA y no quiero dejarte nunca más Jesús mi maestro.
    Por eso ahora, contemplando una pequeña planta que tengo en casa me doy cuanta que todo lo pequeño, por pequeño que sea tiene vida, y que toda vida importa. Que belleza esta plantita que me une desde el salón de mi casa que es capaz de unirme a la naturaleza; esa naturaleza que tanto me gusta disfrutar cuando puedo. A pesar de ser pequeña; que grande es todo lo que manifiesta la creación de Dios.

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