SOIS TANTAS LAS QUE ESCONDIDAMENTE CUIDAIS…

Aunque la liturgia nos presentaba el domingo pasado el Bautismo de Jesús, sabemos que este no fue su inicio de vida pública, sino una experiencia religiosa fundante que le llevó a un tiempo largo de silencio y discernimiento. Esta realidad la profundizaremos un poco más adelante.

Hoy me venía con fuerza en mi tiempo de oración y silencio la importancia que tienen los tiempos de barbecho, cuando la tierra se regenera aunque parece no fecunda.

Nuestra sociedad nos empuja a producir, a estar conectados a las redes para saber que estamos vivos y que somos importantes, a mandarnos montones de tonterías en chats…parece que más es mejor.

Acabamos de saltarnos un tiempo de la vida de Jesús, que se llama Vida Oculta, y que comprende un período de unos 30 años. Es decir, el tiempo en que para una persona de su tiempo, iba del nacimiento a la adultez. Luego veremos que en unos tres años o menos, según los autores, se concentra el resto de su vida y muerte, que comprende el grueso de los evangelios, pero no de su vida.

Es en la cotidianeidad del día a día, en su rutina vivida como tiempo de barbecho, donde se formó la persona que nos sigue atrayendo y enamorando por su calidad humana.

¿Qué tiene que ver esto con nuestras vidas? Yo diría que TODO. Nuestra vida transcurre un 99,9% en esa cotidianeidad crónica, donde ocurre casi todo. De esa realidad se desprende lógicamente que me interesa muchísimo saber como vivo ese tiempo y como podría vivirlo con más hondura.

Inspirada en la vida oculta de Jesús y también de tantas personas, hoy quiero recordar a alguien que me enseñó a orar y a dar hondura a un largo barbecho en mi vida, y esta persona es Carlos de Foucauld.

La espiritualidd del desierto-barbecho es sencilla y silenciosa. Se basa en la vida oculta de Jesús y nos introduce en el dia a día con la dimensión de estar en una presencia e intimidad de trato continuo con Dios, el Abba, Jesús…

Estás trabajando, caminando, esperando el autobús, conduciendo, cocinando, en la consulta, estudiando, duchándote, en una reunión, siempre tienes una presencia, un alguien con quien compartir, en silencio de intimidad acompañada.

Una experiencia así no se logra leyendo a montones de autores o estudiando teología o… lo cual puede, despue´s de tener la experiencia, ayudarnos a comprenderla, se logra en esa rutina diaria cuando el corazón está anclado y ha descubierto el silencio y la soledad acompañada.

Cuando esta experiencia se va dando, la persona se sosiega porque empieza a ver el momento presente como la oportunidad de vivir en profundidad y gozo, sin necesidad de ansiosamente ansiar algo diferente.

Cuando esto se da, los chats, facebooks…dejan de sonar porque interrumpen el silencio interior en el trabajo, en la rutina. Los miramos más tarde, dejamos de usarlos para reclamar atención, vamos entrando en una dinámica de desaparecer un poco de en medio porque ya no nos hace falta, lo hacemos cuando queremos acompañar, o apoyar.

Y este es el objetivo de estas líneas hoy. Agradeceros a las que acompañáis y cuidáis vuestra vida oculta, vuestro espacio de barbecho: amigas y hermanas que pasáis horas y semanas con madres, padres mayores, enfermos, cuya vida se alarga mermando aparentemente la vuestra. No es así desde la mirada de Dios. La vuestra toma un relieve de hondura, tipo espiritualidad del desierto, donde lo que cuenta es con quien convivo por dentro, y expresarlo a través del cuidado, la paciencia, la ternura incluso cuando la cosa se pone desagradable.

Podría también referirme a tantas personas que como abuelas o sanitarias aguantáis situaciones demasiado preocupantes. La espiritualidad de abrazar el cuerpo de Cristo, de verle y amarle en los enfermos, en los pequeños incluso en las personas que nos tratan mal…es un bálsamo de vida que a la vez transmitirás con tus manos, tu sonrisa, tu donativo generoso, tu comida de abuela, tus horas infinitas con tus mayores demenciados o las colas de gente nerviosa en tu consulta.

Todxs pasamos horas infinitas en que parece que no hacemos nada, sin embargo la calidad de todo está en como lo vivimos, no tanto en cuanto producimos, ganamos, sacamos…

Esa espiritualidad no necesita un cojín, ni un templo, ocurre donde transcurre tu vida. Y es tan hermosa y tan sencilla que pasa desapercibida, como la florecillas que pisamos o los atardeceres que no vemos porque preferimos las luces de las rebajas o la pantalla del móvil, o la interminable cadena de tareas autoimpuestas que nos separan del respirar del cosmos al unísono con el nuestro.

Sois tantas las que podría nombrar que voy a dejarlo así, en ese anonimato habitado que tanto buscaba Jesús en sus largas horas de hacer nada, con todo lo que había por hacer.

Gracias por todo lo que aportáis las que sabéis estar ahí compartiendo esa realidad en silencio y tiempos de expresarlo en comunidad.

Por todo ello, antes de iniciar el estudio de Marcos y de Acompañamiento personal el próximo 22, os invitamos a saborear el presente. La vida oculta, el día a día en su presencia.

Magda Bennásar Oliver, sfcc

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