Tiempo para cosechar

Aunque todavía hace calor algo extraño en este mes de Octubre en este lado de la Tierra, estamos en tiempo de cosecha, recogiendo los frutos sembrados en primavera, alimentados por el sol, la lluvia, el abono…y las manos cuidadosas que saben que además de todo ello la vida surge y se desarrolla y no sabemos cómo ocurre en definitiva.

Ayer celebrábamos a Teresa de Jesús, mujer intrépida, valiente, apasionada que cuenta que aunque entró en el convento a los 19 años no fue hasta los 40 que se dió cuenta del verdadero sentido de su vida. Hasta entonces había estado «mariposeando» pero a esta edad de la cosecha, de la madurez, se dió cuenta que lo único que merecía la pena en su vida era su relación personal con Jesús, había descubierto su humanidad y se dedicó a alimentar esa relación y a enseñar a través de la palabra y de sus escritos a que los demás descubrieran ese mismo tesoro.

Esta semana pasada he estado unos días en el pueblo de Vizcaya al que vamos a ir a vivir Magda y yo en unos días. Cuando yo tenía 16 años pasé allí unas semanas con mi familia y recuerdo con cariño la experiencia de aquel tiempo. Acababa de descubrir esa relación personal con Jesús a través de la oración que me habían enseñado a practicar y me sentía la persona más feliz del mundo. Nada a mi alrededor había cambiado, pero sí la perspectiva desde la que yo veía todo. Entendí al mirar un faro que esa luz era la que tendría que acompañarme toda la vida.

Es tiempo de cosecha para muchxs de nosotrxs. Es tiempo de discernir que es lo que me da vida, me alimenta y dejar a un lado la queja, la mediocridad, la inmadurez. A todxs se nos invita a una relación personal que solo yo en mi fuero interno puedo descubrir.

Lo que perdura en medio de los sinsabores, de las frustraciones es ese fruto maduro del amor que no tiene fin.

Carmen Notario, SFCC

Nada te turbe, Taizè
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Un comentario en “Tiempo para cosechar

  1. Gracias Carmen por tu reflexión, sin duda, ese diálogo personal, esa relación, habitar «la tienda», pone luz, sosiega, reconforta y recoloca, enamora. En la Comunidad de Magdala, gracias a vuestras enseñanzas y compartires en comunidad, cultivamos la oración centrante como eje central que unifica y también nos abre a experimentar la interrelación que existe con Todo. Un abrazo sororal. Marisa. C. de Magdala

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