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Conecto sí, con esta mujer intrépida que anima comunidades hasta el agotamiento. No es fácil hoy con personas educadas y formateadas en un individualismo que roza la arrogancia muchas veces, tratar de formatearnos en “modo evangelio”. ¡Qué ganas de echar a correr cuando se te interpreta mal, cuando se te ataca y todo porque los parámetros sociales no son los del evangelio y toda la estructura chirría cuando hay alguna intervención!
Lo de formar comunidades es tanta utopía como la del Reino, que pienso que debe ser lo mismo. Teresa amaba a sus hermanas, lo cual supone ir más allá de lo fácil, y eso es comunidad. Por eso hay tan pocas aunque haya muchos grupos. Comunidad es otra cosa.
Conecto con su itinerancia pegada a su piel, ese sentido de búsqueda continua de sembrar la semilla que le comunican al alma, y para ello desinstalarse continuamente, aunque ni entienda ni comprenda.
Conecto con su querer aprender a orar continuamente. Gracias a esa sed insaciable Teresa entra en terrenos prohibidos de intimidad con Dios, porque una mujer y más si es monja, tiene que obedecer las normas y directrices establecidos por “ellos”, y ahí estaba la Inquisición procurando el orden, según ellos, y ahogando el Espíritu.
Conecto con su cansancio de tanto trajinar, pero que al entrar en nuevos terrenos de conocimiento de lo Divino y lo Humano, como a ella, me llevan y nos llevan, a muchas hoy, a renovar paradigmas estancados para abrirnos, a la Ruah siempre inquietadora de corazones que buscan descanso.
¿Porqué diría Teresa con tanta fuerza y convicción:
“Nada te turbe, nada te espante todo se pasa, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza, quien a Dios tiene nada le falta, solo Dios basta”.
Sí Teresa, intuyo por donde vas, el momento eclesial, social, planetario es indescriptible, y creo que no sabemos ni la mitad de la realidad del daño causado al planeta, de la catástrofe provocada por intereses económicos y políticos de las guerras…
Turba que personas que nos fueron por delante hoy aparezcan como monstruos sexuales y explotadores. Turba que la riqueza de unos pocos sea cada vez mayor y muera gente por hambre, por sed. Turba que un Papa abierto y santo se niegue a conceder el diaconado a las mujeres que de hecho son las diaconisas en montones de lugares, donde sin ellas no habría ni resquicio de comunidades cristianas.
Turba y espanta todo eso y más. Pero revitaliza, enamora, renueva por dentro el modo de orar que nos enseñaste y que en pleno siglo XVI, en el que viviste, no fue aceptado.
Conecto con tu necesidad de renovar modos de orar para que la persona resucite de la muerte del aburrimiento o de la ausencia de alimento.
Conecto con tu llamada a formar comunidades a pesar de todos los egos reunidos y de todas nuestras debilidades.
Conecto con tu cansancio y con tu vitalidad, dos caras de la misma moneda, cuando la iglesia oficial sospecha porque te sales del patrón que dicen ellos, y gracias a todas esas búsquedas y luchas emerge algo nuevo.
Y tú ¿conectas? ¿te sientes parte de esa cadena de mujeres intrépidas, buscadoras, inquietas e inquietantes que tal vez no salen mucho a la calle con pancartas porque lo entienden de otro modo, pero que están siempre ahí, luchando y empezando de nuevo?
¿Conectas como Teresa, con la sed insaciable de vivir con la humanidad de Cristo una relación viva, que de vida y renueve a las personas y a las estructuras?
¿Conectas?
Pequeño homenaje a las Teresas que sin hábito ni monasterio riegan las ciudades y los pueblos de la Vida.
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