¡DESPERTEMOS COMUNIDAD!

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Estamos en tiempo de Pascua, intentando vivenciar algo que parece de otra época, pero que, para las seguidoras de Jesús, sus discípulas, seamos laicas o religiosas, tiene una actualidad absoluta.

¿Qué es el Tiempo Pascual? ¿es necesario? ¿ Qué significa de hecho, más allá de estar en el calendario litúrgico?

La comunidad cristiana nos propone esos 50 días hasta la celebración de Pentecostés, para que saboreemos y asimilemos el estilo de vida que indica la experiencia de Resurrección.
Las personas nos regimos por el tiempo cronológico, normalmente, y en momentos puntuales de grandes celebraciones, las preparamos con un tiempo largo, anterior a la celebración, por ejemplo: Adviento y Cuaresma. Lo celebramos después, con tiempos largos de profundización en las experiencias que las celebraciones suscitan.

Hoy quiero fijarme en un texto que está al inicio del evangelio de Juan y que marca algo, que tal vez pasa desapercibido: el sentido de Vida Nueva, de Vida de Dios, de Resurrección.
Es el texto de la visita de Nicodemo a Jesús (Juan 3, 1-12).

De hecho, el autor bíblico nos sitúa este texto al principio de ese evangelio por algo ¿Qué puede ser? ¿a qué viene tanto interés en unas respuestas enigmáticas de Jesús que le llevan al pobre hombre, que anda a oscuras en su corazón, a responder con torpeza, con una evidencia infantil? ¿Nacer de nuevo? (Juan 3,3)

Ahí está la clave del seguimiento, la clave de la Vida en el Resucitado, o vida de Dios.
Nacer de nuevo es, entre otras muchas cosas, DESPERTAR, salir del letargo de la rutina. El imperativo hay que nacer de nuevo nos sacude para que no demos por supuesto que le seguimos. Nos invita a dejar un estado somnoliento para vivir una mística de ojos abiertos.

Para vivir una experiencia, marcada a diario por el espíritu del Resucitado.
Es una experiencia interior de cambio de mirada. De cambio de registro. No es una religiosidad que nos invita a acompañar a los pobres, o que ofrece formación, o que …es una experiencia viva de alguien que nos hace dar un giro, convertirnos, no del pecado a la gracia, que se da por supuesto, sino de un estilo de vida a otro. “Tienen que nacer de nuevo” (Juan 3, 7)

Tenemos que crear la sociedad humana alternativa que Jesús propone. Porque el Reino de Dios no se formará por la imposición de una Ley (Torá) externa, sino por la creación de una persona nueva. Esto supone una ruptura con el pasado y el comienzo de una vida de una calidad diferente.

Esto provoca un diálogo tenso entre Nicodemo y Jesús. Nicodemo ya sabe mucha teología, es maestro, enseña a otros. Jesús le observa desde su perspectiva y le invita a “nacer de nuevo”, que no significa cambiar de creencia sino comprender la verdad de quién es.
Es por esto que decíamos, más arriba, que nacer de nuevo significa “despertar”, salir de la noche, salir de la confusión que nos provoca la mente, para dejarnos conducir por las aguas del Espíritu/Ruah.

Se nos invita a salir de la oscuridad e inseguridad que nos produce identificarnos con la imagen que se tiene de nosotras, o la que deseamos proyectar, lo cual en sicología se llama “sombra negra” o lado oscuro, ese que no queremos que se vea porque no nos gusta, y lo mantenemos a oscuras.

Los sabios y místicos nos dicen que se nos ha configurado según un modelo cultural y familiar, incluso religioso, desde los parámetros del momento y lugar donde nacimos y vivimos.

Como mujeres, sobre todo, eso nos hizo, en general, reprimir mucha espontaneidad y viveza propia, para responder en casa, en el colegio, en la parroquia, en la comunidad…según el modelo establecido, según lo que se esperaba y se espera de nosotras.

Si vamos más al fondo, el concepto de mujer ya viene condicionado por lo que se espera de nosotras en cada sociedad distinta, pero sobre todo en la iglesia institución, con un denominador común muy marcado. Siempre al servicio, sobre todo del varón o de lo que ellos esperan, sobre todo a nivel institucional.

Pero, esa mujer no eres tú. Te han formateado así. ¿Cuál es tu verdadera personalidad? ¿cuál es tu verdadera identidad?

Es por todo eso, y mucho más que no es el momento aquí y ahora de desarrollar, que necesitamos comprender desde nuestro fondo interno, el significado real, no sólo religioso, de la Resurrección, del nacer de nuevo.

Jesús es luz, y esa luz ilumina nuestro lado escondido por miedo o inseguridad de ser aceptadas. A María de Magdala en el sepulcro le invita a girar la cabeza, metanoia=conversión, cambio, y la llama por su nombre (Juan 20,16) devolviéndole la identidad que la hizo discípula. Cuando se llama a alguien por su nombre se la crea, se le da vida, se la reconoce, se la ama.

Será esa ternura interior que experimentamos en nuestro fondo, cuando nos llaman por nuestro nombre y nos confían una misión, lo que propicia el cambio, el despertar, el nacer de nuevo, con un nombre pronunciado por El, en nuestro interior, que indica confianza y certeza de identidad: te llamo a ti por tu nombre. No hay confusión.

Jesús, desde ese nuevo tiempo para la comunidad, a ella, en esa confusión de si es el jardinero, de si han robado el cuerpo…todo elucubraciones mentales, a ella, Jesús la convoca y la envía a anunciar la vida.

Eso es lo que le diría al nuevo papa. Fue a ella, santidad, a quien Jesús escogió, no por falta de hombres interesados en llevar la empresa adelante, El escogió a una mujer a la que le devolvió la identidad al llamarla por su nombre.

Y ese reconocimiento interior, ilumina su vida y su camino. Le da la fuerza para despertar y salir de miles de tumbas en las que, a lo largo de los siglos, los varones patriarcales y misóginos han querido mantenernos, en el fondo por miedo a dejar de ser ellos los importantes y los elegidos.

Jesús ya ve esa dinámica entre sus seguidores, como recientemente en el cónclave, y eso que no compiten con mujeres; ya se encargan ellos de especificar que el Espíritu así lo quiere, sin mujeres, ellas sólo afuera, en la cocina, limpiando, allí sí están las hermanas.
Y viendo esa lucha del ego, Jesús le dice a María de Magdala que trate de convencerles de que él está vivo, porque ellos están tan hundidos por el fracaso que experimentan que no levantan cabeza.

Nacer de nuevo, ya, como nos indica el texto de Nicodemo, para ir, día a día, interpretando el evangelio, desde nuestro Fondo, donde mantenemos intacta nuestra identidad, iluminada por el diálogo con el resucitado.
Feliz Tiempo Pascual

Magda Bennásar, sfcc


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