El ayuno que yo quiero

 

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Acabamos de celebrar carnavales. Como tantas otras celebraciones, no tiene mucho sentido si después no vamos a celebrar la cuaresma, o si esta se reduce a algún pequeño sacrificio que se confunde con el querer quitarme algún kilo de encima de cara al próximo verano.

La práctica de la oración el ayuno y la limosna, es algo común a las religiones del libro (judaísmo-cristianismo-islamismo). Más que prescripciones son ayudas, orientaciones que si las personalizamos tienen mucho sentido, pero tomadas como preceptos son cargas que evadimos porque ya nos bastan “las cargas” de cada día.

A Jesús desde el principio de su vida pública le critican que él y sus discípulos no ayunan, no siguen las prescripciones del judaísmo como lo hacen los fariseos. Hoy también les pone muy nerviosos a los que viven de cumplir preceptos, aquellas personas que viven su vida desde la amistad, la libertad y que se van comprometiendo con las realidades que les van surgiendo en el camino.

Es mucho más fácil que una figura “paterna” me dicte lo que tengo que hacer, y me asegure de que así alcanzaré la salvación, que vivir en esa relación de amistad, la que vivía Jesús con sus discípulos y que iba marcando sus pasos, sus decisiones su implicación en la realidad.

Por eso Jesús ante la acusación: “Tus discípulos no ayunan” contesta: “¿Cómo van a ayunar cuando el novio está con ellos?”. No es tiempo de ayuno sino de celebrar como en un banquete de bodas. Hay que alegrarse por el compromiso de amor de Dios con su pueblo. Esta es la auténtica relación. Por supuesto que no es un amor de color de rosa que no ve la realidad sino un amor eterno, sin condiciones, que tiene implicaciones muy concretas sobre todo hacia los pobres, los marginados, los oprimidos.

El Antiguo Testamento, en Isasías 58 nos lo expresa de una manera tan clara que resulta impactante para quien se quiere esconder detrás de la religión. “El ayuno que yo quiero es éste: que abras las prisiones injustas, que desates las correas del yugo, que dejes libres a los oprimidos, que acabes con todas las tiranías, que compartas tu pan con el hambriento, que albergues a los pobres sin techo que proporciones vestido al desnudo y que no te desentiendas de tus semejantes. Entonces clamarás y te responderá el Señor, pedirás auxilio y te dirá: Aquí estoy”. Is 58: 6-7, 9.

Ayuno, oración, justicia (limosna) van juntos. No se entiende una sin las otras, y sobre todo solo cobran sentido si son consecuencia de una relación de amistad que cultivamos diariamente.

Carmen Notario

 

 

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