DESCUBRIR NUESTRA VOCACIÓN

Hoy Martes Santo nos encontramos con un texto muy potente de Isaías en la liturgia de hoy, que prepara el trayecto final de la vida de Jesús, como la de todo profeta: Isaías nos habla de su vocación:  “El Señor me llamó desde el vientre materno, de las entrañas demi madre, y pronunció mi nombre…”

Ante la tremenda dificultad que se avecina en la vida de Jesús, y en la de toda seguidora y seguidor auténtico, la comunidad cristiana nos recuerda la importancia de volver a las palabras y gestos que originaron este seguimiento. El lenguaje de Isaías está lleno de afirmación y ternura.

Saboreemos con tiempo y serenidad estas palabras que hoy son para nosotr@s: su llamada personal, su mirada cargada de ternura y esperanza sobre nuestra vida.

En nuestro contexto litúrgico ya se escuchan los tambores de la traición de los amigos de Jesús…del juicio por parte de los que se creían tener el criterio de Dios y que acaban, con su mirada bizca que se orienta hacia sí mismos, con el Hijo de Dios.¡ Qué amargo es el trago de la traición de los tuyos!

Después del texto de Isaías, la vocación de un hombre, al que llamamos nuestro amigo, vive en Madrid y sus palabras son de ayer mismo. El nos cuenta su proceso vocacional y su lucha para ir, como Jesús y nosotr@s, entendiendo la llamada de Dios que, como siempre, no acabamos de pillar a la primera, sino que nos introduce en un sendero de nuevos descubrimientos, siempre entre zozobras y alientos.

Gracias Isaías y también Angel por hablarnos de vuestras llamadas.

Lectura del libro de Isaías (49,1-6):

Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos:
El Señor me llamó desde el vientre materno, de las entrañas de mi madre, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo:
– «Tú eres mi siervo, Israel, por medio de ti me glorificaré».
Y yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas». En realidad el Señor defendía mi causa, mi recompensa la custodiaba Dios. Y ahora dice el Señor,el que me formó desde el vientre como siervo suyo, para que le devolvise a Jacob, para que le reuniera a Israel; he sido glorificado a los ojos de Dios. Y mi Dios era mi fuerza:
– «Es poco que seas mi siervo para restablecer las tribus de Jacob y traer de vuelta a los supervivientes de Israel. Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra».

Mi paternidad                                        unnamed (3)

Dios, eterno, infinito, principio y fin, seguro que conoce bien el final de la historia de cada uno.

Nosotros a veces nos agobiamos cuando nos detenemos en una sola secuencia de nuestra vida que nos incomoda y no comprendemos el por qué nos está sucediendo en ese momento y de esa manera. Si conociéramos todas nuestras posibilidades y hasta donde podríamos llegar, cambiaría nuestra vida y lo haríamos con más confianza, no nos inquietaría la escena siguiente.

¿Cómo contar mi experiencia de la paternidad desde el agradecimiento por lo inesperado?

Puede parecer chocante y hasta presuntuoso contar algo tan natural y tan de la vida diaria como ser padre, pero en mi caso no fue tan natural. Tenía capacidad y aptitudes para tratar con niños y siempre vi claro que en mi vida de adulto no faltarían los hijos. Hasta ahí todo normal como la mayoría de jóvenes que tratan de imaginar su futuro; pero en mi historia personal había un giro inesperado, una llamada a la vocación misionera dentro de un instituto secular que me apartaba de toda posibilidad de ser padre, al menos biológico. Era feliz, hasta que pasados unos años dejé de estarlo y comprendí que donde el Señor me pedía desarrollar mi vocación y mis aptitudes, era en el matrimonio. Todo volvía a su cauce normal, pero un nuevo giro, también inesperado, me ponía otra vez difíciles las cosas. Mis espermatozoides eran escasos y con poca movilidad. Todo apuntaba a un gran fracaso, aunque sabía muy bien que ese amor y por tanto el matrimonio, no sería estéril pues podría ser canalizado hacia otros, en entrega y servicio.

Enredados en este deseo, llamamos a todas las puertas donde podían atendernos para adoptar un niño. Las caras eran largas y los ánimos que nos daban escasos, pero en cuestión de días nos vimos no con uno, sino con dos. Como padre irradiaba felicidad y agradecimiento por las dos pequeñas vidas que ponían a nuestro cuidado. Más aún cuando pasado unos años nos llamaron para darnos de manera totalmente gratuita e inesperada a nuestro tercer hijo.

Como veis, el Señor “se pasó tres pueblos”, se desbordó conmigo. Ser padre me hace sentirme un poco más a su imagen y semejanza, y entiendo mejor que mi “Abba” siempre estuvo a mi lado, aunque como tantas veces, yo me sentía inquieto y desconfiado, y le buscaba donde no estaba. Hoy soy más confiado y me dejo asombrar por lo inesperado, por lo difícil, por lo que no se espera.

Cuantos malos ratos y sufrimientos evitaríamos, sólo confiando en Él.

Angel Santamaría

Un pensamiento

  1. Ángel, muchas gracias por tu compartir..!Me “llega” tu confianza y tu serenidad de corazón al leerte, al igual que cuando te escucho en los encuentros que nos ha ido regalando la Vida, también de forma inesperada..!
    Abrazos mil !

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