Sábado Santo

 

En Inglés se utilizan dos términos que parecen tener el mismo significado: loneliness y solitude. Ambos pueden traducirse por soledad, pero según el contexto, es más que esto.

Loneliness significa “sentirme solo”; solitude es una soledad buscada, deseada, casi un logro para una espiritualidad seria. Ambas conllevan silencio posiblemente, y ausencias, sin embargo el contexto lo dice todo.

Sería un error enfocar el día de hoy como un día para enfrentar nuestros miedos: a la muerte, a la enfermedad o al dolor, a la soledad no querida. Hoy, Sábado Santo, puede incluir o no lo anterior. La realidad existencial de hoy, es que es un día litúrgico, que sólo tiene sentido si se interpreta desde las claves de una respuesta a una llamada personal y a un proceso de seguimiento.

En su momento histórico tuvo sentido sólo para los que le seguían, fue una victoria para los que le perseguían, o nada, porque la inmensa mayoría no formaban parte del complejo entramado que llevó a Jesús a la tumba. Tampoco hoy.

Estos días se va narrando nuestra historia personal y el impacto de nuestras decisiones y estilo de vida…en nuestro momento histórico.

Dejemos que Jesús nos acerque la luz de su propia experiencia y nos ayude a comprender y a acoger la nuestra.

Me gusta preguntarle y preguntar a los textos que tenemos como su legado: los evangelios y otros escritos ¿qué fue lo que le dio la fuerza para llegar a lo que estos días contemplamos, de nuevo, con rutina tal vez, o con estupor una vez más?

Y la respuesta es contundente y única: la roca, refugio, luz…el perfume que embriagó su vida fue su relación confiada con su Abba. Con Dios se relacionan hasta los ateos, pero el secreto aquí, y en toda relación es la Confianza.

Muchos tenemos esa confianza dormida o enterrada. Las causas nadie las va a juzgar pero sí que hoy el Crucificado yacente, nos invita a recordar, como las mujeres recordaban aquel primer sábado santo, en el círculo de discípulas, a cada uno, nuestra historia de relación con Él: como le conocimos, qué relación hemos mantenido, cómo la cuidamos y porqué hoy me siento vacía y sola; o no. Muchos hemos superado esta fase y buscamos la soledad porque la sentimos habitada, acompañada, confiada. Es un regalo.

Cuando la relación deja de ser de tú a tú, de confianza total, se pierde el equilibrio. Lo vemos en cualquier tipo de relación humana: la herida que produce hemorragia, a veces imparable, se produce cuando perdemos o nos pierden la confianza. De pronto todo cambia, se endurece, se resquebraja; también afecta a la relación con Dios.

No nos enseñaron a relacionarnos con Dios desde la confianza, sino desde una tabla de deberes y cumplimientos morales y litúrgicos que hoy no dicen casi nada ya a la mayoría. Están desfasados.

Hoy se nos invita a depositar y a dejar en la tumba lo que en nuestra vida está inerte y causa inercia.

También vemos el dolor y muerte que le hemos causado a madre tierra, la cual nos sustenta y de quien depende la vida en sus múltiples formas. Tierra que ha perdido su equilibrio por una relación con ella desequilibrada. Nosotros la hemos usado y abusado.

La tierra hoy se defiende y nos está dando una lección que cambiará la historia en todas sus dimensiones. No es un castigo, es una reacción que nos protege de lo que no hemos sido capaces de hacer por culpa de nuestro egoísmo: proteger la vida, la biodiversidad… no son juguetes de ricos, es la vida, sin la cual sólo existe la muerte.

 

Estos días de confinamiento son como un largo sábado de dolor. La fragancia del perfume que tanto nos gusta ha perdido el aroma. Hemos enterrado el Amor. Al que nos enseñó a amar la vida, a la tierra, a las personas, a Dios y a nosotros mismos, le hemos dejado a la tumba.

El seguimiento de este tal Nazareno nos hizo tomar decisiones fuertes en muchos momentos de nuestra juventud y de nuestra vida adulta. Unos como casados ​​y con fuertes compromisos sociales … otros como consagrados, dejando familia, carrera, ciudad … para ir detrás del que hoy se nos invita a contemplar yacente.

Nuestro lado superficial nos recuerda que este es un día de paso, casi de preparación de la celebración de la vigilia pascual, de la comida del domingo.

Craso error. Entiendo que hoy, sábado santo, es uno de los días más cargados de significado del año.

Desde el contexto litúrgico se nos invita a mirar nuestra vida sin Dios. Por eso es que este día unifica “loneliness y solitude”, es decir: sentirme sola y sin sentido si Él no está, y en búsqueda de este silencio habitado que me confirma que siempre está y sigue estando.

Y también se nos invita a mirar qué o quién está en la tumba. Quizás allí hemos dejado al Dios en el que ya no creemos. O quizás queremos dejar, ahí también, una institución mortecina… para enfrentar el siguiente paso, el de la espera de los primeros indicios del amanecer para ponernos en camino, mañana.

Hoy es un día para enterrar nuestras desconfianzas.

Jesús nos espera hoy, apenas unas horas, en este infierno que de una vez por todas nos tenemos que sacudir y despedir: la falta de confianza que es la causa de mi soledad no deseada.

Apenas en unas horas, como sabemos, todo cambia y adquiere el color de la vida, inimaginable si no hemos enterrado el muerto que llevamos cargando.

Acoger con hospitalidad cristiana mi propia soledad es caridad. Sólo si acojo la mía podré ser compañera de otras soledades. Acoger el vacío que me han dejado las faltas de confianza de seres queridos o importantes en mi vida y enterrar los vacíos que yo he causado es crucial.

Lo insólito es que la tumba de Jesús está en un jardín. Ahora en primavera el perfume del jardín floreciendo, con los pájaros e insectos recreando la vida con su actividad…todo es bullicio de vida.

Cuando recuperamos la confianza es fácil despedir la tumba que creó la desconfianza.

Hoy se nos invita a retomar una relación personal que hemos tenido en la tumba y a sacarla al jardín y disfrutar de ella. Como el día en que podamos volver a nuestros parques y bosques y playas, después de este largo y doloroso confinamiento, los que tengamos el don de la vida en las manos, seremos portadores de resurrección; hoy todavía en minúscula a la espera del alba.

 

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En Anglès es fan servir dos termes que semblen tenir el mateix significat: loneliness i solitude. Tots dos poden traduir-se per soledat, però segons el context, és més que això.

Loneliness significa “sentir-me sol”; solitude és una soledat cercada, desitjada, gairebé un èxit per a una espiritualitat seriosa. Les dues comporten silenci possiblement, i absències, però el context ho diu tot.

Sería un error enfocar el día d’avui com un día per a enfrontar les nostres pors: a la mort, a la malaltia o al dolor, a la soledat no volguda. Avui, Dissabte Sant, pot incloure o no l’anterior. La realitat existencial d’avui, és que és un día litúrgic, que només té sentit si s’interpreta des de les claus d’una resposta a una crida personal i a un procés de seguiment.

En el seu moment històric va tenir sentit només per als que el seguien, va ser una victòria per els que el perseguien, o res, perquè la immensa majoria no formave part del complex entramat que va portar Jesús a la tomba. Tampoc avui.

Aquests dies es va narrant la nostra història personal i l’impacte de les nostres decisions i estil de vida … en el nostre moment històric.

Deixem que Jesús ens apropi la llum de la seva pròpia experiència i ens ajudi a comprendre i a acollir la nostra.

M’agrada preguntarli  i preguntar als textos que tenim com el seu llegat: els evangelis i altres escrits, ¿què va ser el que li va donar la força per arribar al que aquests dies contemplem, de nou, amb rutina potser, o amb estupor una vegada més?

I la resposta és contundent i única: la roca, refugi, llum …el perfum que va embriagar la  seva vida va ser la seva relació confiada amb el seu Abba. Amb Déu es relacionen fins i tot els ateus, però el secret aquí, i en tota relació és la Confiança.

Molts tenim aquesta confiança adormida o soterrada. Les causes ningú les va a jutjar però sí que avui el Crucificat jacent, ens convida a recordar, com les dones recordaven aquell primer dissabte sant, en el cercle de deixebles, a cada un, la nostra història de relació amb Ell: com el vam conèixer, quina relació hem mantingut, com la cuidem i per què avui em sento buida i sola; o no. Molts hem superat aquesta fase i busquem la soledat perquè la sentim habitada, acompanyada, confiada. És un regal.

Quan la relació deixa de ser de tu a tu, de confiança total, es perd l’equilibri. Ho veiem en qualsevol tipus de relació humana: la ferida que produeix hemorràgia, de vegades imparable, és quan perdem o ens perden la confiança. De sobte tot canvia, s’endureix, s’esquerda; també afecta a la relació amb Déu.

No ens van ensenyar a relacionar-nos  amb Dèu des de la confiança, sinó des de  compliments morals i litúrgies que avui no diuen  ja gairebé res a ningú.  Están desfessats. Avui se’ns convida a dipositar i deixar a la tomba allò que a la nostra vida  està inert i causa inèrcia.

També veiem el dolor i mort que li hem causat a mare terra, la qual ens sustenta i de qui depèn la vida en les seves múltiples formes. Terra que ha perdut el seu equilibri per una relació amb ella desequilibrada. Nosaltres l’hem usat i abusat.

La terra avui es defensa i ens està donant una lliçó que canviarà la història en totes les seves dimensions. No és un càstig, és una reacció que ens protegeix del que no hem estat capaços de fer per culpa del nostre egoisme: protegir la vida, la biodiversitat … no són joguines de rics, és la vida, sense la qual només hi ha la mort.

Aquests dies de confinament són com un llarg dissabte de dolor. La fragància del perfum que tant ens agrada ha perdut l’aroma. Hem enterrat l’Amor. Al que  ens va ensenyar a estimar la vida, la terra, a les persones, a Déu i a nosaltres mateixos, l´ hem deixat a la tomba.

El seguiment d’aquest tal Natzarè ens va fer prendre decisions fortes en molts moments de la nostra joventut i de la nostra vida adulta. Uns com casats i amb forts compromisos socials … altres com consagrats, deixant família, carrera, ciutat … per anar darrere del qui avui se’ns convida a contemplar jacent.

El nostre costat superficial ens recorda que aquest és un dia de pas, gairebé de preparació de la celebració de la vetlla pasqual, del dinar de diumenge.

Cras error. Entenc que avui, dissabte sant, és un dels dies més carregats de significat de l’any.

Des del context litúrgic se’ns convida a mirar la nostra vida sense Déu. Per això és que aquest dia unifica “loneliness i solitude”, és a dir: sentir-me sola i sense sentit si Ell no hi és, i en recerca d’aquest silenci habitat que em confirma que sempre està i segueix estant.

I també se’ns convida a mirar què o qui està a la tomba. Potser allà hem deixat  al Déu en qui ja no creiem. O potser volem deixarhi també una institució somorta … per enfrontar el següent pas, el de l’espera dels primers indicis de l’alba per posar-nos en camí, demà.

Avui és un dia per enterrar les nostres desconfiances.

Jesús ens espera avui, tot just unes hores, en aquest infern que d’una vegada per totes ens hem de sacsejar i acomiadar: la manca de confiança que és la causa de la meva soledat no desitjada.

Tot just en unes hores, com sabem, tot canvia i adquireix el color de la vida, inimaginable si no hem enterrat el mort que portem carregant.

Acollir amb hospitalitat cristiana la  meva pròpia soledat és caritat. Només si acull la meva podré ser companya d’altres solituds. Acollir el buit que m’han deixat les faltes de confiança d’éssers estimats o importants en la meva vida i enterrar els buits que jo he causat és crucial.

L’insòlit és que la tomba de Jesús està en un jardí. Ara a la primavera el perfum de jardí florint, amb els ocells i insectes recreant la vida amb la seva activitat … tot és bullici de vida.

Quan recuperem la confiança és fàcil acomiadar la tomba que crea la desconfiança.

Avui se’ns convida a reprendre una relació personal que hem tingut a la tomba i a treurer-la al jardí i gaudir-ne. Com el dia en què puguem tornar als nostres parcs i boscos i platges, després d’aquest llarg i dolorós confinament, els que encara  tinguem el do de la vida a les mans, serem portadors de resurrecció; avui encara en minúscula a l’espera de l’alba.

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