Atrévete a soñar

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Érase una vez, un grupo de mujeres buscadoras que navegamos por diferentes geografías de nuestro planeta en alianza de vida con el Resucitado. Tras experimentar otras culturas, países, lenguas y teologías en facultades salpicadas de mujeres teólogas y de biblistas intrépidos, en nosotras bulle sin parar, un manantial de agua fresca y renovadora.

Nosotras nos hemos atrevido a soñar, muchas veces y, desde fuera de nuestro círculo más cercano, podrían pensar: “Y así os ha ido”. Sin embargo, desde dentro, desde la propia vivencia, la mirada es distinta y la experiencia inestimable.

¿Qué es lo que estamos soñando, en concreto y qué de hecho, ya hacemos?

Poder vivir nuestra alianza de vida con el Evangelio y el Espíritu de Jesús Resucitado, sin estructuras que absorben energía, creatividad y tiempo, es el mejor regalo que nos ha dado la vida.

Soñar un nuevo modo de ser comunidad para el siglo XXI se enraíza en un estilo de vida contemplativo y sostenible.

Empezamos el día, todos los amaneceres, sin grandes seguridades ni grandes expectativas. El silencio es nuestra guía más segura en el amanecer de la Palabra, que en ese silencio se convierte en “alguien” cuya presencia no es tan difícil de experimentar en los pliegues del alma.

Silencio y Palabra y sentir la comunidad de la naturaleza, que permanece fiel a pesar de nuestros usos y abusos. Y ahí, ante ese mar inmenso e infinito que recuerda al Amor, soñamos y soñamos.

Soñar ¿qué?

Una comunidad alternativa. Este ha sido nuestro sueño y tarea durante años. Os voy a contar un poco de dónde arranca nuestra inquietud.

Nos han contado la historia de nuestra fe desde unas claves basadas en traducciones que, en ocasiones, reflejaban la ideología del traductor. Traducir es amar y respetar el texto. No podemos utilizar un texto sagrado para imponer nuestra bandera.

Hoy, desde “otra orilla”, se nos propone otra manera de interpretar nuestros orígenes y los textos sagrados desde una hermenéutica feminista y ecologista.

Y esa relectura constituye, gota a gota, un nuevo paradigma. Estamos a las puertas de vivir en plenitud una nueva forma de ser humanos y humanas. Es demasiado evidente que las religiones oficiales han fallado en su única tarea: construir el Reino. Da igual la religión que sea, todas persiguen lo mismo: justicia y paz para todos y todo, sin excepción; eso incluye nuestro planeta.

Y eso no existe; es una utopía grabada a fuego en nuestra retina y en nuestras entrañas. El sistema vigente está destruyendo el planeta, extinguiendo miles de especies en poco tiempo y también aniquilando vidas humanas, creando un bucle de muerte, en el que quienes emigran caen en manos de gobiernos de países agotados por este problema. Al mismo tiempo, se crean conflictos bélicos y étnicos interminables. Necesitamos empezar de cero, habiendo aprendido la lección.

Para soñar y ver desde otra orilla, nos hemos acercado a: la neurología, a la naturaleza y a la “atención plena” para, desde estas sabidurías, repensar la comunidad cristiana.

Mirad qué bonito:

                “Algunos neurólogos han identificado un fenómeno excepcional. Siempre que se abordan, existencialmente, temas ligados a Dios y a lo Sagrado, en el lóbulo frontal de nuestro cerebro se produce una aceleración descomunal de las neuronas de 9 a 39 hercios (unidad de frecuencia).  Lo llamaron el “punto Dios en el cerebro” Tenemos un órgano interior, una ventaja evolutiva, para percibir a Aquel Ser que subyace a todos los seres, la Energía misteriosa que nos mantiene en la existencia” (Leonardo Boff en “Cómo retrasar el fin del mundo: una espiritualidad ecológica”).

¿Has tenido esa experiencia?

Escucha, siente, acoge en tu cuerpo la reacción de tu espíritu y déjate afectar, déjate tocar la mente y el corazón por ese Dios Espíritu Ruah, que no podemos controlar ni indoctrinar para que apoye nuestra manera de estar.

Experiencias así son la base y la fuerza para la “deconstrucción” imprescindible de cimientos que se han quedado obsoletos. Uno de los fundamentales está en el relato de la Creación (Génesis 1,28) en el que, al traducirlo, se eligió la palabra “dominad y someted” en lugar de “cuidad” al referirse al mandato de Dios a los humanos después de regalarles “el jardín”, es decir, el planeta recién creado con la vida en plena evolución y permeado del Espíritu creador.

¡Cuán diferente habría sido todo si el traductor hubiese elegido “cuidar” en lugar de “dominar”.

Empezar a vivirlo así significa empezar a sentir el sueño en el propio cuerpo.

Atrévete a soñar con el mundo y con la vida política (tómate unos minutos para visualizar la política mundial desde este nuevo paradigma del cuidado).

Atrévete a soñar con las relaciones humanas, desde las empresariales hasta las familiares, desde el paradigma del cuidado en lugar del dominio. Date tiempo.

Atrévete a soñar con una comunidad cristiana sin clericalismos, basada en el cuidado mutuo y el empoderamiento de cada persona según sus capacidades y preparación… Observa cómo reacciona tu cuerpo cuando le dices esto.

Cuando dejo que me lo digan por dentro, mis hercios pasan a una gran velocidad, y entiendo que se produce un cambio que me conduce a una transformación, porque me impulsan desde dentro a moverme según ese viento huracanado o esa suave brisa.

La nueva comunidad, que ya existe y lleva cuatro años de andadura prioriza cinco momentos:

-Comparte silencio contemplativo, a solas y en comunidad, también en línea.

– Comparte experiencias fundamentadas en una lectura orante de la Palabra.

-Escucha la naturaleza y dialoga con ella.

-Escribe su propia reflexión teológico-experiencial para la comunidad. Este trabajo ayuda a procesar contenidos y vivencias.

-Mira a los ojos de quienes sufren. Lo hace no desde su perspectiva, sino intentando partir de la otra persona. Reacciona según sus posibilidades y capacidades.

El segundo pilar que deseo compartir como argumento para mi propuesta de comunidad cristiana desde un nuevo paradigma, y que nos invita a soñar a lo grande viene inspirado por esos textos que tomé de un artículo del periódico “La Vanguardia” de 2017:

“El charrán ártico es capaz de recorrer 90 000 km, pasar 273 días lejos de sus colonias y, pese a encontrarse a miles de kilómetros de su hogar, encuentra siempre su camino de vuelta. El ser humano, si pierde de vista su meta, no es capaz de mantener un rumbo estable más de ocho segundos”.

“Los inuits, pueblos que habitan las regiones árticas, establecen puntos de referencia en la tierra para orientarse y componen canciones que les permiten recordar el paisaje. Al cantarlas, la letra les dibuja el camino en la mente”.

“Cada riachuelo tiene un bouquet particular de fragancias que deja una impronta en el salmón antes de emigrar al océano y que luego utiliza como señal para identificar su afluente natal”.

Estos textos nos producen tan buenas vibraciones que sugieren considerar diferentes formas de construir comunidades cristianas de acuerdo con lo que sabemos hoy y respetando al máximo el espíritu de Jesús resucitado.

Si la naturaleza tiene todas esas capacidades y muchas más que nos pasan desapercibidas porque estamos polarizados por situaciones políticas, bélicas y climatológicas que nos preocupan, ¿qué sucedería si pusiéramos en común nuestras capacidades, ambas la naturaleza y nosotras, en comunión?

Podríamos encontrar el camino de vuelta a casa si identificáramos la música, los olores y las semillas sembradas por nuestras madres y padres en la fe, para que, en nuestras intemperies encontremos el alimento y el camino de vuelta.

En nuestro caso, hemos plasmado en una comunidad en continua evolución, los sueños de tantos y tantas de nosotras. Se trata de una propuesta de comunidad cristiana para el presente y el futuro próximo.

Nació en el regazo de María de Magdala. Ella lleva años inspirándonos un discipulado diferente:

Nos invita a un amor personal y comunitario que integra lo femenino. También nos invita a vivir el envío con frescura y espontaneidad, que emana de una vivencia interior.

Todo ello se manifiesta en una maduración de las personas en la fe, en la creencia en el proceso y en la evolución.

Se acuna en el silencio y se desborda como un manantial en un compartir sereno de la palabra amasada con diferentes hermenéuticas: el Evangelio leído desde el lado del cerebro donde habita la intuición; descubrir, entre líneas, la relación amorosa y fresca con el Resucitado, que siempre que hace algo importante se sitúa en el monte, o navegando, o en el jardín.

Jesús pasa larguísimas horas solo en el silencio de la naturaleza. En el silencio se relaciona con el Abba y consigo mismo. Ahí aprende a amarse y a respetarse con el cariño del Abba, lo que le capacita para asumir su vocación.

Y todo esto no sucede en un templo serio y frío, sino en el monte, en el jardín, en esos lugares que inspiran y nutren el alma porque son naturales, sin arreglos humanos, sin filosofías. El corazón se deja llenar del bálsamo que supone contemplar la naturaleza.

Y el tercer pilar de la comunidad que soñamos y que ya estamos construyendo es la mirada hacia la otra persona. Si no soy capaz de desear y luchar para que la otra persona desarrolle al máximo sus talentos, la comunidad podrá ser un lugar de amistad, de desahogo, de aprendizaje, pero todavía no será la comunidad del Reino.

Nosotras nos hemos atrevido a soñar con una comunidad así y funciona.  Creemos que funciona en el sentido de que evoluciona, la gente progresa y madura, porque cada persona es autora de su propio proceso y elabora su día a día desde el silencio y la reflexión, lo que redunda en:

-Trabajar día a día, con los cinco sentidos la experiencia de Amor renovando nuestra teología, y nuestra formación intelectual y existencial

-Compromisos políticos serios

-Opciones pastorales alternativas

– Compromisos de barrio para sacar a las mujeres del barro

– Trabajo, codo con codo, con mujeres indígenas para reconstruir su dignidad

-Visitas a la cárcel y a residencias de ancianos para acompañar

– Enfoques académicos transformados por esa mirada del Resucitado que, en el jardín, nos llama por nuestro nombre, todos los días, invitándonos, con ternura y firmeza a volver la cabeza para poder reconocerle.

Ese cambio de actitud mental y corporal es lo que hace posible soñar, cada día, con un nuevo modo de ser comunidad.

Sí, creemos que la comunidad cristiana del siglo XXI rezuma espiritualidad y compromiso. Reconoce el mundo de las emociones que Jesús tan claramente expresó. Se adentra en la mística de la Palabra y en la mística del silencio, sin miedo, y de la mano de la Ruah, que es la mejor traductora e intérprete. Comparte pan, palabra y silencio, todas las semanas, todos los días, donde vivimos, sin necesidad de espacios especiales; acude a la naturaleza para dejarse evangelizar por ella.

Nuestra propuesta de comunidad de Magdala es una realidad y un regalo y sentimos que compartirla con vosotros es nuestro deber y deseo y vuestro derecho.

Gracias por empujarnos a que nos atrevamos a soñar.

Magda Bennásar Oliver, SFCC


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2 comentarios en “Atrévete a soñar

  1. Por fin he tenido tiempo de releerlo con tranquilidad . Porque es un texto para leerlo una y mil veces más. Para rumiarlo y saborearlo. Y poder sentir al menos un poquito de toda esa fuerza que de él emana.
    Lo primero es darte la enhorabuena no solo por el artículo, si no por toda tu y ( vuestra trayectoria) , siempre a la escucha de la santa Ruah, que nunca envejece, que siempre es nueva , y siempre nos impulsa a ir un paso más adelante en ese camino que nos fascina de seguimiento de Jesús resucitado.
    Me siento afortunada de estar en esta Comunidad, siempre abierta al compromiso.
    Has explicado muy bien lo de los tres pilares en los que nos vamos apoyando.
    El mensaje de Jesús es liberador, es sanador… y es su seguimiento el que nos lleva a una vida más plena , no solo para nosotras, si no , sobre todo, para extenderla al mundo entero.
    Estoy convencida de que no hay proyecto político que pueda superar al hecho de sentirnos y vivir como verdaderos hermanos y hermanas, apoyándonos en esa fuerza espiritual que emana del mismo Dios.

  2. Muy queridas hermanas, es tan sanador y esperanzador este atrevernos a soñar. El lenguaje me atrapa desde el inicio buscadoras, así ha sido este tiempo de búsqueda, amasar considero que sin duda la Comunidad de Magdala se ha ido amasando así con calma, sin prisas, dando forma y dejando reposar para que quede bien fermentada, que crezca en ese misterio donde luego será alimento, la casa común nuestra casa que razón tienes cuando dices que las palabras no son inocentes, que diferente es cuidar, amar y sostener, unir la fe, la palabra y hacerla vida, cuanto bien nos han hecho y cuan esperanzador una comunidad así de puertas y ventanas abiertas, aprender y abrirnos a otras formas de encuentro con la Divinidad, un sueño hecho realidad, hacer teología una tarea reservada a los clerigos y a los teólogos, y aquí en esta comunidad de Magdala todas y todos hacemos teología, no la de la academia sino la que surge de la experiencia de encuentro personal con la Divinidad y con los otros, otras y otres, volver a casa que linda propuesta, sabiendo que el misterio nos espera con los brazos abiertos. La solidaridad esa que nos da la oportunidad para continuar la formación y la que apoya de manera concreta para que se desarrollen los talentos, gracias por escuchar estas invitaciones de la Ruah y por invitarnos a formar parte y soñar juntas en colectivo, en comunidad